Himalaya Preconciliar

 

I.

La Misión en la Meseta Tibetana nos depara sorpresas únicas. Comparto una de ellas aprovechando el tiempo muerto que tengo en uno de los accidentados viajes misionales que la Providencia bondadosamente me depara. Y lo de accidentados no es poético ya que el vehículo misional casi explota. Nos podríamos haber quemado vivos. Hoy, día de la fiesta tri-arcangélica, un mecánico nos puso en guardia. Aprovecho este rato en el taller, donde no hay ni silla ni café, para escribir esta crónica bajo el estruendo de martillazos varios.
En la remota aldea de Richu (localizada a metros de la cascada de la foto), anteayer, como todos los días hábiles, prediqué el sagrado Catecismo. El grupo de catecúmenos está compuesto de paganos y protestantes recién conversos.
Las clases tienen lugar en una diminuta casa de familia, que es tan pequeña que algunos duermen en el suelo.
Enseño en inglés y uno de los presentes, que es mi mano derecha, traduce simultáneamente al nepalí, lengua esta que aun no tuve tiempo de aprender ya que, aun sin saberla, los ministerios apostólicos que aquí ejercito en inglés cubren en exceso mi jornada, que, por otra parte, no tiene nada de “cotidiana”.
II.

Después que, por milagro divino, se produjo una conversión en bloque y una vez pasado el estupor inicial ante tanto despliegue de gracia, me puse a pensar de qué modo les iba a enseñar la Doctrina Cristiana a los conversos.
La pregunta interior no era fácil ya que, salvo uno, ninguno de ellos habla inglés y no puedo dejarlos en stand-by para irme a hacer un curso de nepalí a la Universidad, que, dicho sea de paso, queda a muchas horas de viaje.
Creí hallar la solución cuando planeé dividir el Catecumenado en tres cursos: niños en nepalí, adultos en nepalí y adultos en inglés. Pero, me topé con un muro cuando las catequistas que me dijeron que iban a venir, me dejaron pagando. La solución, al menos temporaria, fue simple: dictar una clase única en inglés y el único bilingüe traducirá in situ.
Decidido el curso a seguir, faltaba elegir la fuente, lo cual tampoco era fácil y no lo era ya que el grupo es bastante dispar. En efecto, unas son almas que rescatamos de la Protesta y otras son almas rescatadas de la Idolatría, a la vez que todos son nativos del Himalaya.
Pero, el Espíritu Santo resolvió el asunto. Me inspiró usar el, tan denostado como glorioso, Catecismo de San Pío X.
Mas, ¿cuáles fueron los resultados? Veamos…

Primero, los neófitos no se distraen ni un segundo en clase. Y eso que las clases tienen lugar al cierre de una áspera jornada laboral, que no es nada regalada ya que los catecúmenos trabajan en la construcción de muros y rutas entre laderas y precipicios.
Segundo, el traductor -¡que es un pastor protestante converso!- hace unas semanas me manifestó su asombro ante la profundidad teológica del Catecismo de San Pío X. Valga aclarar que este ex-pastor luterano, llamado David, se convirtió hace pocas semanas a la Fe Católica.
Tercero, el dicho Pastor anteayer se quedó enormemente impactado con las clases de Catecismo. Como curiosidad, comento que el tema de anteayer fue los dotes graciosos en el estado de justicia original, cuya exposición, agrego, engendró alguna dificultad a la hora de buscar los equivalentes terminológicos en nepalí.
El Pastor, decíamos, anteayer hizo un balance del Catecumenado, que hace poco empezamos y que se basa por entero en el Catecismo del Papa Sarto, y me dijo con tono de asombro: “estas clases tienen una enorme profundidad teológica y son absolutamente bíblicas“.
Su reconocimiento me golpeó, me llenó de sacerdotal consuelo y me hizo concebir el siguiente pensamiento: ¡qué sabia fue la Santa Madre Iglesia al escribir el dicho tradicional Catecismo y qué necios son los innovadores pedagogos que decretaron la inadecuación del mismo a los tiempos actuales!
¿Cuál de los modernísimos catequistas hubiera pensado que el más medieval y romano de los Catecismos iba ser tan estupendamente recibido por un pastor luterano recién convertido en las lejanías del Himalaya, a pocos kilómetros del mismo Tibet?
Lo que pasa es que los modernistas ignoran la universalidad de la Fe y de la Teología Tomista. Es la ideología la que los ciega y la que los llevó a sustituir la pedagogía perenne por una serie informe (o infame) de catecismos flojos, mundanos o explícitamente heréticos adaptados a los signos de los tiempos.
Lamentablemente, no encontré aun la traducción al nepalí del Catecismo Mayor. Quizás existe. Quizás fue traducido por algún misionero de antaño y quedó archivado en los anaqueles de alguna biblioteca. No lo sé. Y por el momento, no puedo averiguarlo pues estoy aislado en muy remotos confines fronterizos.
No lo sé, pero el Pastor converso ya anunció en público que él traducirá el Catecismo de San Pío X … ¡al nepalí!

¡Gracias San Pío X!

Los paganos y herejes conversos te saludan desde la Meseta Tibetana.
Padre Federico, S.E.
(San Elías)
Misionero en Extremo Oriente

Fiesta de los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
29/IX/16, Meseta Tibetana

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