Ante la persecución de los Lamas (II): hacia el destierro de los pobres

Ante la persecución de los Lamas (II): hacia el destierro de los pobres

I.

Acá, la persecución no es física, pero es toda diabólica. No se trata sólo de tratar de expulsar al sacerdote, que además de clérigo, es foráneo, despeinado y blanco. Tampoco es un privilegio reservado para los consagrados. Es un ataque al Catolicismo. Y por tanto, es una persecución que incluso llega a los pobres campesinos de modo tal de disuadir hasta la más mínima inquietud de conversión que alguno, por gracia de Dios, pueda llegar a tener.

El tema es simple: los lamas y sus satélites (los intendentes budistas), decidieron que todo aquel nativo que se convierta, será miserablemente expulsado de la tierra que habita. Aquí está la compasión budista: desterrar al campesino pobre, si este tiene la loca ocurrencia de aceptar al Dios verdadero. Tomen nota, tomen nota de nuevo, los que aun siguen encandilados con los espejismos del budismo, que hoy se vende en los supermercados del Occidente, o mejor, del “Accidente”, como bromeaba Anzoátegui.

Son muchas las cosas que habría para contar, pero nunca nos hacemos demasiado tiempo. Hay algo que pasó hace mucho y que, en el apuro, nunca había puesto por escrito. Lo digo ahora y que quede para siempre en los anaqueles del ciberespacio…

La primera de las conversas o, si se quiere, la primer alma que nos dijo que quería ser catecúmena para bautizarse y que empezamos a adentrar en los divinos Misterios, se convirtió por haberle rezado al único Salvador con una cruz que trajimos de Tierra Santa. Su nombre es Mahia. Uno de sus hijos es un lama budista. Poco tiempo después de su feliz decisión, acompañada por su marido, que también recibió a Cristo, hicimos un encuentro de oración en su ranchito, que es tan pequeño que varios estábamos de pie. Fue un momento de grande felicidad y efluvio gracioso.

Mas poco después de tanta sobrenatural algarabía, el compasivo dueño de la tierra de la casita alquilada por Mahia y su esposo, los amenazó. El dueño es un budista empedernido y obcecado en su paganía. Les dijo a los dos ancianos lo siguiente: “si Uds. siguen siendo cristianos, los destierro, los dejo en la calle”. La pobre señora, que para comer se la ve picar piedra a las seis de la mañana, se asustó. La amedrentaron. Y no vino más a rezar. Y la paganía, aplastó la algarabía.

No es el único caso. En la crónica anterior, hablábamos de Nima, una especie de cacique protestante. Es el único político cristiano que por estos inmensos pagos se pueda ver. Él se convirtió hace veinte o veinticinco años. Es el primer convertido. Ahora es un líder partidario, pero cuando se bautizó, fue condenado al ostracismo por los budistas. Le impidieron participar de cualquier evento público. Luego, a fuer de obras sociales benéficas y de políticas campañas (o palancas), volvió y ahora los protestantes, que son dieciséis familias son tolerados. Pero, ni bien se vaya Nima, los destierran. Valga aclarar, que salvo dos, todas esas familias fueron “importadas” de otras partes. Los luteranos emplean, en ciertas zonas paganas, la táctica de la emigración masiva a zonas no cristianas, con el fin de proselitizar por medio de la ocupación. Apostolado okupa, le dicen…

 

II.

 

Volvamos a lo inmediato, y no tan inmediato… Ayer me confirmaron que los lamas e intendentes budistas hace mucho tiempo vienen haciendo reuniones para hablar sobre mí. Se preguntan cosas tales como “¿quién trajo a ese sacerdote?, ¿qué está haciendo ese extranjero?” y otros interrogantes del género, que en el fondo me hacen agarrarme la barriga de la risa.

Mas no se trata sólo de conciliábulos en lamaserías. Hay más. Hay aprietes incluso.

Hace un par de meses, siete lamas con sus secuaces convocaron a los tres padres de familia más comprometidos (o, si se quiere, los únicos) de la Iglesia Naciente: David, Rafael y Puran. A mí no me avisaron (habría sido muy divertido…).

Los lamas estaban indignados y gritando me imprecaban en mi ausencia. David, asistido por el Espíritu Santo y Sus dones de consejo y fortaleza, replicó uno a uno los absurdos cargos del improvisado e irracional tribunal que los lamas montaron contra la humanamente inerme Iglesia Católica, que recién está siendo dada a luz.

Los lamas, entre otras, dijeron estas: que el Misionero puede ser un terrorista, que usa un vestido negro (sotana) que no sabemos qué es, que habla por teléfono en castellano y no entendemos que está diciendo (¿acaso querían oír mis llamadas?), que si embaraza a una mujer será blanca y otro tipo de absurdidades, a las que David, caballerescamente y sin desfallecer, refutó con precisión. Literalmente, les tapó la boca.

Pero, si bien les cerró la boca, como Cristo a los fariseos en las testamentarias disputas, peleando uno contra todos, los lamas, en ese ridículo tribunal (o más que tribunal, circo payasesco), firmaron un interdicto por medio del cual me prohibieron el acceso a la zona del mayor número de convertidos y simpatizantes con la Verdad: las aldeas de Ryhchu y Tunk. Desde entonces, para entrar allí, debo reportarme al intendente, que además de ser uno de los amotinados, es un borracho que ascendió por haber sido el chofer del esposo de la “bruja”. Si el intendente se digna autorizarme, entonces podré entrar.

Así está la cosa: conciliábulos, amedrentamientos, exhortaciones a la apostasía so pena de destierro, choferes que devienen intendentes ebrios, vociferaciones lamaístas, repulsas a la sotana, interdictos y absurdas calumnias. Queridos lectores: bienvenidos al mundo del Budismo Tibetano.

Hace unos días le contaba esto a un misionero francés y él me respondió una sola cosa, que muchos sabemos: hace unas décadas, los monjes tibetanos ahogaron unos misioneros católicos que se habían aventurado en el Tibet para extender el Imperio de la gracia.

Mientras tanto, si bien por el momento no desplegamos megáfonos, seguimos haciendo apostolado: hoy y ayer estuvimos continuando una muy amistosa plática con dos nativos: Sonam y Repsong. Recen por ellos. Se los ve muy cercanos a la conversión radical. Que los Ángeles los empujen y se tropiecen sobre la pila bautismal… Iremos corriendo a echarles el agua.

¡Viva la Misión!

Padre Federico, S.E.

Misionero en la Meseta Tibetana, Miércoles de la Octava de Pascua 17-4-17

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