“Un solo rebaño” y una Misión militar

I.-

Está revelado que un día habrá “un solo rebaño y un solo pastor”.
La jornada en la que eso se logre será la más gloriosa de la Historia -desde la Ascensión- y tanto será su esplendor qué solo será superada por la jornada parusíaca y el Día D de la Historia, el Juicio Final, en el que nuestro divino Redentor ejecutará la discriminación final: los buenos a la derecha, los malos a la izquierda.
“Un solo rebaño y un solo pastor” es el gran objetivo de la Iglesia Militante, objetivo este que se alcanzará en el Paraíso y, cual figura participativa, en la Historia humana.
“Un solo rebaño y un solo pastor” es el gran ideal de las Misiones Católicas. Es el ideal supremo, esto es, que todas las creaturas libremente decidan ingresar a la Iglesia vera y someterse plena y perennemente a nuestro señor Jesucristo, Rey de Reyes y único Salvador del género humano.

II.-

¿Cómo se alcanzará la realización de este ideal divinísimo?
Sólo Dios lo sabe.
Sólo Él lo sabe, pero Él nos indicó un camino por el cual esa ideal, el “mono-rebañopastorismo” o, en términos propios, la Plenitud de las Gentes  (Plenitudo Gentium) se hará realidad. ¿Cuál es ese camino? La Misión. Esto es, la predicación directa y el sagrado Bautismo en la Iglesia Católica Apostólica y Romana (cfr. Mt XXVIII, 19-20).

Ahora bien, el punto no es fácil. Una experiencia vivida hace unas semanas nos mostró algo a este respecto: muchísimas almas se convertirían si hubiese quien les predicase directamente. En efecto, estos días tuvimos que ir a predicar a un importante jefe militar con seis mil soldados a su cargo. Él nos abrió las puertas de sus cuarteles y unidades que recorrimos orantes bajo custodia armada. Era como si la Cruz y la Espada, al menos por un brevísimo intervalo de tiempo y aunque más no sea en un lejano confín del orbe, se volviesen a unir, reclinándose la noble y corajuda espada ante la omnipotencia de la Cruz invicta.
De par en par, la Virgen Capitana nos abría los blindados portones de los batallones y, más aún, las delicadas puertas de los corazones de soldados amantes de su terrena Patria pero más aún hambrientos de algo que intuirían quizás pero aún no conocían: la Patria Celestial, donde, los nobles guerreros -del espíritu y de la espada- en gracia muertos hallan el eterno reposo después de las lides de estos lares.
Y nuestras apostólicas almas se preguntaban: ¡cuántos operarios faltan! ¡Qué grande es la mies! ¡Cuán pocos son los operarios! ¡Qué bueno sería que Dios nos permita multi-locarnos en muchos lugares a la vez para poder predicarle a tan numerosa legión deseosa del Dios verdadero!

III.

Lo vivido nos lleva a reconsiderar el inmemorial instituto del Bautismo Masivo, hoy lamentablemente caído en desuetudo.
Son legión quienes esperan que la Plenitudo Gentium sea alcanzada por las solas y exclusivas fuerzas de Dios sin la más mínima cooperación humana. Y como piensan esto, se dedican a cualquier faena menos al apostolado de infieles.
Pero, la enseñanza perenne nos dice que todos los bautizados debemos participar del empeño misional, esto es, todos debemos tomar parte del épico desafío que busca, ansía, anhela y hasta reclama “un solo rebaño y un solo pastor”.

Padre Federico, S.E.
Misionero en el Extremo Oriente
5/X/17

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