De la noción de Misión

Beato Clemente Vismara
Beato Clemente Vismara

Para comenzar a hablar sobre la Misión, hay que presentar su concepto o definición. Ahora bien, para saber que es la Misión es importante aprender que significaba “evangelizar” para nuestro Señor Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Pero, podemos preguntarnos con Pablo VI: “¿Qué significado ha tenido esta palabra [“evangelizar”] para Cristo?”[1]. Y debemos responder que “ciertamente no es fácil expresar en una síntesis completa el sentido, el contenido, las formas de evangelización tal como Jesús lo concibió y lo puso en práctica”[2], al mismo tiempo que, “esta síntesis nunca podrá ser concluida”[3]. En efecto, ninguno de los aspectos de la vida de nuestro Señor Jesucristo, escapa al Misterio, ya que Él es Dios; y, como la Evangelización es un aspecto de la vida del Señor (¡y que aspecto!) tampoco escapará al misterio.

El mismo Papa, Pablo VI, de todos modos, sin perjuicio de la dimensión mistérica que implica la Misión, enseña con precisión que la “evangelización”, para el Verbo Encarnado, no era sino “proclamar de ciudad en ciudad […] el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios” al mismo tiempo que todos los aspectos del Misterio de Cristo “forman parte de su actividad evangelizadora”[4].  Tal, y no otra, “es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre”[5].

Ahora bien, la Iglesia continua la Misión de Cristo y, por tanto, la Iglesia, como Cristo, proclama de ciudad en ciudad el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios predicando al mismo Jesucristo en todos Sus aspectos: “la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos”[6], por mencionar solo algunos.

En el mismo documento, Evangelii Nuntiandi, Pablo VI luego precisa, con gran claridad, qué es la evangelización, enseñando que “evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en su Verbo Encarnado, ha dado a todas las cosas el ser y ha llamado a los hombres a la vida eterna”[7].

Veamos ahora, qué son las “misiones”. El Concilio Vaticano IIº nos lo dice, al presentar lo que podemos considerar, una definición de las “misiones”: las misiones son “las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia, yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia misma entre los pueblos o grupos que todavía no creen en Cristo, [… las cuales] se desarrollan, de ordinario, en ciertos territorios reconocidos por la Santa Sede”[8].

El Beato Juan Pablo II Magno, en la Redemptoris Missio (llamada, por algunos, “la Carta Magna de las Misiones”) nos ofrece una fórmula para definir la actividad misionera, en la que se explicita el protagonismo de Dios en el empuje evangelizador, la cual (fórmula) dice así: “« La actividad misionera es, en última instancia, la manifestación del propósito de Dios, o epifanía, y su realización en el mundo y en la historia, en la que Dios, por medio de la misión, perfecciona abiertamente la historia de la salvación »”[9].

Es interesante subrayar que la definición conciliar de “misiones”, contenida en el Decreto Ad Gentes, en su letra, se refiere solamente a las Misiones Ad Gentes, ya que, al menos explícitamente, se refiere solo las empresas que se realizan “entre los pueblos o grupos que todavía no creen en Cristo”. No menciona las misiones que tienen lugar en países cristianos o de “nueva evangelización”. ¿Por qué? Si no falla nuestro análisis, porque la Misión Ad Gentes es, propiamente, el analogado principal de la misión. En otras palabras, la Misión Ad Gentes es la actividad misionera específica, esto es, la actividad misionera específica  no es sino la Misión Ad Gentes[10]. Si bien, en sentido lato, es misión toda actividad apostólica católica.

Pero hay más. No solo la Misión Ad Gentes es la actividad misionera específica de la Iglesia, sino que, desde Pentecostés -y, por tanto, desde siempre-, “el programa fundamental” de la Iglesia no es sino el “revelar a Jesucristo y su Evangelio a los que no lo conocen”, como, con gran claridad, pontificaba Pablo VI[11].

Finalizamos, subrayando dos puntos: 1º) la Misión es Evangelización –que haya su centro en Jesucristo- y no asistencia social[12]; 2º) la Misión Ad Gentes realiza, en el sentido más propio, el mismo “programa fundamental” de la única Iglesia fundada por Dios, las cuyas notas en plenitud  (UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA) solo se encuentran en la Iglesia Católica.

Francisco Xavier, 2013


[1] S.S. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii Nuntiandi. Acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo, Roma 1975, 7.

[2] Ibid.

[3] Ibid. Repdroducimos el pasaje entero: “Evangelizar: ¿Qué significado ha tenido esta palabra para Cristo? Ciertamente no es fácil expresar en una síntesis completa el sentido, el contenido, las formas de evangelización tal como Jesús lo concibió y lo puso en práctica. Por otra parte, esta síntesis nunca podrá ser concluida”.

[4] Ibid, 6. Reproducimos el pasaje entero: “Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los más pobres, con frecuencia los más dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio – la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos- forman parte de su actividad evangelizadora”.

[5] Ibid.

[6] Ibid. Elencamos los aspectos mencionados por S.S. Pablo VI en el texto citado.

[7] Ibid, 26.

[8] Concilio Ecuménico Vaticano IIo, Decreto Ad Gentes. Sobre la Actividad Misionera de la Iglesia, Roma 1965, no 6. Reproducimos el pasaje entero: “Las empresas peculiares con que los heraldos del Evangelio, enviados por la Iglesia, yendo a todo el mundo, realizan el encargo de predicar el Evangelio y de implantar la Iglesia misma entre los pueblos o grupos que todavía no creen en Cristo, comunmente se llaman “misiones”, que se llevan a cabo por la actividad misional, y se desarrollan, de ordinario, en ciertos territorios reconocidos por la Santa Sede”.

[9] S.S. Beato Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Missio. Sobre la permanente validez del mandato misionero., Roma 1990, 41.

[10] De hecho, Juan Pablo II las pone como expresiones equivalentes: “la actividad misionera específica, o Misión Ad Gentes, tiene como destinatarios « a los pueblos o grupos humanos que todavía no creen en Cristo », « a los que están alejados de Cristo », entre los cuales la Iglesia « no ha arraigado todavía »,53 y cuya cultura no ha sido influenciada aún por el Evangelio” (Ibid, 34).

[11] S.S. Pablo VI, Exh. Ap. Evangelii Nuntiandi. Acerca de la Evangelización en el Mundo Contemporáneo, 51. Reproducimos la frase pontificia: “Revelar a Jesucristo y su Evangelio a los que no los conocen: he ahí el programa fundamental que la Iglesia, desde la mañana de Pentecostés, ha asumido, como recibido de su Fundador”.

[12] Es bueno recordar, a este respecto, la clara advertencia de S.S. Francisco: “podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor” (S.S. Francisco, Homilía, Santa Misa con los Cardenales, Roma 2013).

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