El Primer Misionero en la China

El primer Misionero en la China fue Santo Tomás Apóstol, como prueban unos estudiosos franceses contemporáneos[1]. Pero, luego de este inicio apostólico, no hubo en la China ningún Misionero católico hasta el siglo XIII, cuando llegó un titán de las Misiones: Fray Juan de Montecorvino, Arzobispo de Pekín[2].

Titán de las Misiones

Titán de las Misiones

Nacido en la Cristiandad –aun se discute su nacionalidad-, se alistó en las filas misionales de la Orden Franciscana, entregando su vida toda a la predicación de nuestra Santa Fe Católica. Fue infatigable Apóstol en varios pueblos: Cercano Oriente, Armenia, Persia, India y China[3].

A Kathay (este era el nombre antiguo de la China) partió como Legado Papal, enviado por S.S. Nicolás IV[4]. Su compañero de armas fue el dominico Fy. Nicolás de Pistoya.

Como todo gran Misionero, Dios los bendijo con grandes cruces, ya que “sin efusión de sangre, no hay redención” (Heb 9, 22). Una de estas cruces fue la de su soledad. A pesar de que era religioso y los religiosos viven en comunidad, en China misionó casi siempre solo… Pero ¿por qué? Porque su compañero, Fray Nicolás, murió en el camino, en medio de la aventura. De todos modos, Fray Juan de Montecorvino no se amilanó ante esta dificultad y siguió solo (o más bien, acompañado por nuestro Señor y la Virgen Santa) a convertir la China. Él mismo relató este hecho en la segunda de sus célebres epístolas: “Yo, fray Juan de Montecorvino de la Orden de frailes menores, partí de Tabrïz, comarca de los persas en el año del Señor de 1291, y entré en India y permanecí en un pueblo de la India en la iglesia del Apóstol Santo Tomás durante trece meses. Y allí bauticé cerca de cien personas en diversos lugares; mi compañero de camino fue fray Nicolás de Pistoia, de la Orden de frailes predicadores, quien allí murió y fue sepultado en la misma iglesia. Y yo, continuando más adelante, llegué a Kathay”[5]. Admirado, el Padre Ángel Hernández, escribía sobre este gran fraile: “se concibe la vida de sacrificio y heroísmo de Juan de Montecorvino, estando como estaba solo, entre nestorianos y paganos”[6].

Desde la época del Apóstol Tomás, no se tiene noticia de  ningún Misionero católico en  China hasta que llegó el Fraile de Montecorvino. Ni bien entró al Imperio, lo recibieron los nestorianos con una campaña de absurdas calumnias, que fueron un gran obstáculo con el que se enfrentó este valiente soldado de Cristo[7]. A pesar de todo –o mejor dicho, gracias a las cruces generosamente soportadas-, en diez años, convirtió y bautizó seis mil almas, en tierras chinas[8], en una iglesia que él mismo construyó en la actual Pekín (entonces llamada Khanbaliq)[9]. Hizo tres iglesias, una “en las cercanías del Palacio Imperial, de manera que el gran Kan podía escuchar los cantos litúrgicos”[10].

El itinerario misional de Fray Juan de Montecorvino

El itinerario misional de Fray Juan de Montecorvino

 

Este Grande de las Misiones, no fue de paseo… Fue a predicar a nuestro señor Jesucristo, y para esto tradujo el Nuevo Testamento y el Salterio a la lengua tártara –que era el idioma oficial entonces a raiz del dominio mongol en China-. Él mismo escribía esto: “Aprendí competentemente la lengua y la escritura tártara, la cual es la lengua habitual de los tártaros, y ya he traducido a esa lengua y con esa letra todo el Nuevo Testamento y el Salterio (…) Y comprendo y leo y predico claramente  y doy testimonio de la ley de Cristo”[11]. Al momento de su partida, los frutos fueron muy grandes a tal punto que murió “dejando una cristiandad floreciente y jerárquicamente organizada”[12].

No solo buscó convertir al pueblo, sino que trató de convertir al mismo Emperador del Imperio Chino, como el mismo cuenta: “Yo, fray Juan de Montecorvino (…) llegué a Kathay, reino del Emperador de los Tártaros que es llamado Gran Khan. Al mismo Emperador, [llevando] cartas del Señor Papa, lo invité [a abrazar] la fe católica de nuestro Señor Jesucristo. El emperador, a pesar de estar firmemente arraigado a la idolatría, no obstante brinda muchos beneficios a los Cristianos[4]. Yo me encuentro junto a él hace ya doce años”[13]. Estuvo muy cerca de convertir al Emperador pero no pudo porque estaba solo. Nuestro héroe escribía con pena: “si tuviese también dos o tres compañeros que me ayudasen, tal vez el Emperador Khan se hubiera bautizado. Ruego que vengan tales frailes, si algunos quisieren venir, que se preparen a darse como ejemplo (…)”[14]. Su soledad fue tal que llegó a escribir lo siguiente: “hace ya doce años que no recibo noticias de la Curia romana, ni de nuestra Orden ni de la situación de Occidente”[15]. Mientras escribía esto, en Europa “le daban ya por muerto o desaparecido”[16].

Esperemos que este hecho real estimule a más jóvenes a animarse a ser Misioneros, para toda la vida. Muchos pueblos aun viven en las tinieblas. Muchos pueblos aun esperan la llegada del Misionero. No los dejemos solos. ¡Vayamos a socorrerlos! ¡Por amor a Cristo, que por ellos derramó toda Su Sangre!

Francisco Xavier



[1] Cf. P. Perrier – X. Walter, Thomas fonde L’Eglise en Chine (65-68 AP. J.-C.), s.l. 2008. Véase también H. Rosolén , «El lenguaje de los primeros cristianos», Diálogo XIV, 2010, 77.

[2] Cf. W. Gardini, El Cristianismo llega a China, Colección “Misión”, Guadalupe / Obras Misionales Pontificias, Buenos Aires (Argentina) 1983, 32.

[3] Cf. Ibid, 33.

[4] Cf. Ibid.

[5] J. de Montecorvino, Segunda Carta enviada por Fray Juan de Montecorvino. Texto crítico en Sinica Franciscana, I (= Itineraria et relationes Fratrum Minorum saeculi XIII et XIV)., ed. A. Van Den Wyngaert,, Documentos para el estudio de la Historia de la Iglesia Medieval, Quaracchi; http://webs.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/Montecorvino_carta2.html, Florencia 1929, 1.

[6] Á. S. Hernández (SJ), «Juan de Montecorvino», in Gran Enciclopedia Rialp, XIII, Madrid 1953, 581–582.

[7] Las calumnias eran insólitas. El mismo Misionero nos lo cuenta con gran detalle: “los mencionados nestorianos, por sí, o por otros corrompidos por el dinero, suscitaron contra mí gravísimas persecuciones; afirmando que yo no había sido enviado por el Señor Papa, sino que era un espía, un mago y un enloquecedor de hombres. Pasado algún lapso de tiempo, levantaron otros testigos falsos que decían que había sido enviado otro nuncio, quien llevaba al emperador un gran tesoro y que yo lo había asesinado en la India y le había quitado lo que llevaba. Y esta maquinación duró aproximadamente cinco años, de tal manera que en muchas ocasiones fui llevado a juicio con una infamia de muerte. No obstante, por confesión de un tal, disponiéndolo así Dios, el Emperador conoció mi inocencia y la malicia de los rivales y los relegó al exilio junto con sus mujeres e hijos” (J. de Montecorvino, Segunda Carta enviada por Fray Juan de Montecorvino. Texto crítico en Sinica Franciscana, I [= Itineraria et relationes Fratrum Minorum saeculi XIII et XIV]., 2).

[8] Así lo relata él mismo: “. Asimismo, bauticé allí mismo, según estimo, unas seis mil personas hasta el día de hoy. Y si no se hubiesen producido las predichas infamias, habría bautizado más de treinta mil, y frecuentemente me encuentro bautizando” (Ibid).

[9] Él lo cuenta así: “He edificado una iglesia en la ciudad de Khanbaliq[6], donde se encuentra la principal residencia del rey; a esta iglesia la completé en menos de seis años, y en ella hice incluso un campanario en el que puse tres campanas. Asimismo, bauticé allí mismo, según estimo, unas seis mil personas hasta el día de hoy” (Ibid).

[10] W. Gardini, El Cristianismo llega a China, 34.

[11] J. de Montecorvino, Segunda Carta enviada por Fray Juan de Montecorvino. Texto crítico en Sinica Franciscana, I (= Itineraria et relationes Fratrum Minorum saeculi XIII et XIV)., 9.

[12] Directorio Franciscano. Enciclopedia Franciscana.

[13] J. de Montecorvino, Segunda Carta enviada por Fray Juan de Montecorvino. Texto crítico en Sinica Franciscana, I (= Itineraria et relationes Fratrum Minorum saeculi XIII et XIV)., 1.

[14] Ibid. El resaltado es nuestro.

[15] Ibid, 6.

[16] Á. S. Hernández (SJ), «Juan de Montecorvino».

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