El primer Ave María del Gurú

Todavía no salgo de mi asombro. Los caminos de la Virgen son siempre magníficos y a menudo inimaginables. La Virgen se goza en ayudar a las almas, especialmente cuando se reza el Rosario. Cuento lo que hoy me pasó. Acá en Taiwán, cuando muere un pagano, se la pasan varios días haciendo diversos rituales. Ahora bien, hace como una semana que están haciendo (¡y siguen!) ritos fúnebres a un vecino budista que vivía enfrente de la Sede Parroquial. Los ritos, apoyados sobre la falsa creencia en la reencarnación o aniquilación del finado, los hacen en la calle, pero hoy los hicieron ¡a dos metros de la puerta de nuestra Parroquia!.. Pusieron una carpa gigante –cortando el tráfico- y estuvieron varias horas realizando un extraño ritual. No fue algo ruidoso sino sencillamente estruendoso. Echaron tanto incienso que el aroma llegaba hasta nuestra iglesia. El rito proseguía, mientras los autos debían desviarse y yo trataba de estudiar los caracteres chinos, empresa dificultada por el inmenso “ruido fúnebre”.

Al atardecer, bajé, tomé unas fotos y vi que la “ceremonia” estaba guiada por un Gurú coronado que vestía un hábito naranja. Lo secundaba una señora vestida de negro, que lo acompañaba en la monótona entonación de abstrusos versos budistas. Me puse entonces a rezar el Rosario, junto a la imagen de la Virgen que tenemos en la esquina, a la vista de todos. Estaba rezando por la conversión de los que estaban haciendo esos ritos y por la salvación eterna del difunto que, entre platillos y tambores, estaban conmemorando. El Gurú, y los demás atrás suyo, avanzaron en una hilera quemando dinero falso en una fogata ubicada a dos pasos de la mismísima imagen de la Virgen Santísima. Quemaban dinero con la pretensión de “dárselo realmente al difunto”.

Quemaban dinero con la pretensión de “dárselo realmente al difunto”.

Quemaban dinero con la pretensión de “dárselo realmente al difunto”.

 

Al rato, mientras yo seguía pasando las cuentas del Rosario, de pronto siento que alguien estaba a mi lado… ¿Quién era? ¡El Gurú! ¡El Gurú venía a verme! No sé que quería. Pero, señalándole las imágenes de la esquina, le pregunté si conocía a la Virgen y al Niño Dios. Respondió afirmativamente. Luego le pregunté si él ama a Jesús y a la Virgen Santa. La respuesta, llamativamente, volvió a ser afirmativa. Luego le pregunté si él ama a Jesús o al “Bai Bai” (=idolatría). Y me respondió que ama mitad a Jesús y mitad al “Bai Bai”.

Se ve al Gurú con su ropa naranja y su corona

Se ve al Gurú con su ropa naranja y su corona

Aprovechando su 50% de devoción, lo invité a rezar un minuto a la Iglesia… Él dijo: “Un minuto, Ok!”. ¡Y vino! Subimos al segundo piso, donde está la iglesia, y rezamos en silencio de rodillas ante el Sagrario, la Cruz y la Virgen. Luego, le mostré el texto del Ave María. Era la primera vez que el Gurú veía el texto del Ave María. Empecé a rezar las primeras palabras y luego seguimos recitando juntos el texto del Ave María en chino, ante el Santísimo. Él estaba muy contento. Fue el primer Ave María del Gurú.

Luego, después de invitarlo formalmente a incorporarse a la Iglesia Católica, mientras nos despedíamos, justo cuando nos estábamos por sacar una foto junto a una imagen del Papa, una señora muy enojada, desde la puerta de la Parroquia, le grita al Gurú. Era la señora de negro que lo secundaba en los rituales. Estaba indignada. Yo la invité a pasar. Pero, la señora entró apurada, me negó el saludo y se lo llevó al Gurú. No me pude sacar la foto. Yo quería un recuerdo de esta Victoria del Rosario… Pero, más allá de la ausencia de souvenirs apostólicos, la Virgen se valió del Rosario para atraer a un pobre hombre que aun está sentado en las tinieblas, como decía León XIII al referirse a los no-cristianos[1].

La Virgen "intercede no menos por los que aún ignoran haber sido redimidos por Cristo Jesús que por los que gozan ya felizmente del beneficio de la Redención” (S.S. Pío XI)

La Virgen “intercede no menos por los que aún ignoran haber sido redimidos por Cristo Jesús que por los que gozan ya felizmente del beneficio de la Redención” (S.S. Pío XI)

Pensando en lo sucedido, me viene a la mente una perenne enseñanza pontificia acerca de la intercesión de la Virgen Santísima. En efecto, S.S. Pío XI, en su encíclica “Rerum Ecclesiae” (n° 135), enseña una verdad muy consoladora: nuestra Madre Celestial intercede no menos por los paganos que por los católicos. Estas son las palabras exactas usadas por Su Santidad: “Ella, habiendo recibido en el Calvario a todos los hombres por hijos suyos, intercede no menos por los que aún ignoran haber sido redimidos por Cristo Jesús que por los que gozan ya felizmente del beneficio de la Redención”[2].

Es claro, entonces, que la Virgen tendrá muy en cuenta el primer Ave María del Gurú. Quizás haberlo rezado le valdrá a él llegar un día al bautisterio.

Encomiendo a las oraciones de nuestra Familia Religiosa, la conversión del Gurú y de todos los demás que aun ignoran haber sido redimidos por Cristo Jesús.

P. Federico

Misionero en Extremo Oriente

Taiping – Taichung (Taiwán), 3-XI-14

 

[1] Reproduzco en inglés (no está en español) la frase de S.S. León XIII: «Bring to the Divine light of the Gospel […] the people sitting in the darkness» (H.H. Leo XIII, ANNUM SACRUM ENCYCLICAL ON CONSECRATION TO THE SACRED HEART, 1899, 6).

[2] S.S. Pío XI, Enc. Rerum Ecclesiae. Sobre la Acción Misionera, Roma 1926, 135.

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