Sacerdotes y Ángeles en la Misión

Sacerdotes y Ángeles en la Misión

SSAA

Pensemos que pasaría si por especial designio divino, un ángel “bajase” del cielo a misionar. El Ángel tendría una gran “ventaja apostólica” –por sobre los Sacerdotes- y es que su aparición es algo extraordinario y resonante. Esto solo tendría un gran poder de convocatoria ya que lo milagroso atrae a muchos a la Fe.

De todos modos, debemos decir que, supuesto que el Sacerdote sea digno y tienda a alcanzar la mayor santidad, hay muchos y muy fuertes motivos que llevan a pensar que el apostolado del Sacerdote puede ser mucho más fecundo que el del Ángel. Esto se debe principalmente a dos motivos: el Sacerdote puede sufrir -recordemos que “sin efusión de sangre no hay redención” y que “la cruz fecunda todo lo que toca”- y, además, puede hacer las dos acciones más eficaces en orden a la conversión de los pueblos: celebrar el Santo Sacrificio de la Misa –lo cual tiene un valor infinito- y confesar a los pecadores. El Ángel podrá convocar multitudes a oir sus celestiales prédicas, pero no podrá perdonar ni el más pequeño de los pecados veniales. Podrá llenar estadios con sus sermones, pero no podrá traer al mismo Jesucristo al ara el Altar, en el cual –más en que en ningún lado- se actúa la Redención del género humano.

Pero vemos también otros motivos.

El Ángel predicaría mejor con su palabra y jamás yerraría en la exposición, pero su ejemplo sería poco motivador -en orden a excitar la emulación de los fieles- cuando no desmotivador pues se diría que sus conductas son inalcanzables ya que el es de natura puramente espiritual.

Si bien el Ángel tendría más luces prácticas y teóricas para la Misión, el Sacerdote con su debilidad humildemente ofrecida atraerá enormemente la ayuda de Dios, ante Quien todo el enorme poder y la sabiduría infusa de los serafines es pura torpeza e ignorancia.

Del Ángel no se dice que sea “otro Cristo” pero desde siempre se dice esto del Sacerdote, quien, en efecto, obra in persona Christi.

San Damián de Molokai, el Apóstol de los Leprosos

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No por nada, de hecho -y no hablamos de hipótesis-, nuestro Señor decidió que los Santos Ángeles ayuden grandemente a los Sacerdotes en su acción misionera, pero no mandó que los Espíritus celestiales sean, en el orden de las causas segundas, los protagonistas del apostolado.

Pero baste una última razón. No hay nada más grande que Jesucristo y lo más grande de Jesucristo es Su Sacerdocio, del cual participan quienes son ordenados por imposición de las manos.

Por todo esto creemos que el apostolado del Sacerdote Santo puede ser mucho más fecundo que el del Ángel y creemos que pensar en esto ayuda a tener más fe en el poder sobrenatural del Sacerdote en orden a la conversión del mundo infiel.

Francisco Xavier

Misionero en Extremo Oriente

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