La vida consagrada y la actividad misionera

apostoles_discipulos (5) La Vida Consagrada y la Actividad Misionera Estudio preliminar a la luz del Magisterio Conciliar y Post-Conciliar y del Derecho Propio del Instituto del Verbo Encarnado      Dedicado a la Virgen de Luján   Por el P. Federico;   Ciclo de Conferencias del IVE sobre la Vida Consagrada Año de la Vida Consagrada  

Introducción

Estamos en el Año de la Vida Consagrada, por lo que estamos estudiando, a lo largo de este Ciclo Formativo, distintos aspectos de la misma. En la conferencia que nos ocupa hoy presentaré un tema muy interesante: la vida consagrada y la actividad misionera. Lo haré siguiendo el Magisterio de la Iglesia –esto ocupará la primer parte de la exposición- y, luego, el Derecho Propio de nuestro Instituto.

La vida consagrada y la actividad misionera en el Magisterio de la Iglesia

  En lo que hace al Magisterio sobre el tema que nos reune, haré referencia a documentos pontificios correspondientes a tres Pontificados, siguiendo un orden cronológico. Empezaré estudiando el decreto conciliar sobre las Misiones Ad Gentes y, luego un breve documento emitido durante el Pontificado del Papa Beato Pablo VI. Posteriormente, seguiré el documento Ecclessia in Asia de San Juan Pablo II. Finalmente, presentaré un documento y una audiencia del Papa Francisco sobre el tema. Varios de estos documentos son extensos pero me detendré especialmente en los parágrafos dedicados específicamente a la vida consagrada. En algunos casos, antes de presentar esta parte específica, haré referencia a algunos pasajes previos contenidos en los respectivos documentos.

S.S. Beato Pablo VI

Decreto Ad Gentes Sobre La Actividad Misionera De La Iglesia

 

Elenco de ciertos paisajes aislados

  Antes de entrar a estudiar el capítulo dedicado a la Vida Consagrada, haré mención de algunos pasajes previos, de este Decreto conciliar, que ameritan una especial atención. El Decreto conciliar sobre las Misiones señala que “para la implantación de la Iglesia y el desarrollo de la comunidad cristiana son necesarios varios ministerios que todos deben favorecer y cultivar diligentemente”. El documento menciona a los sacerdotes, los diáconos y los catequistas y la Acción Católica. Y, acto seguido, dedica una oración aparte a los religiosos: “Prestan, asimismo, un servicio indispensable los religiosos y religiosas con su oración y trabajo diligente, para enraizar y asegurar en las almas el Reino de Cristo y ensancharlo más y más” (15[1]). En el cap. III, intitulado Las Iglesias Particulares, el Decreto conciliar sobre las Misiones afirma que las Iglesias Locales de las tierras de Misión deben organizar “un plan común de acción pastoral y las obras oportunas, para aumentar en número, juzgar con mayor seguridad y cultivar con más eficacia las vocaciones para el clero diocesano y los institutos religiosos, de forma que puedan proveerse a sí mismas, poco a poco, y ayudar a otras” (19[2]). El Decreto, a su vez, dice que los Religiosos deben inflamarse en el celo por “emprender la obra de la evangelización en las Iglesias jóvenes, […] no sólo para apacentar a los fieles y celebrar el culto divino, sino también para predicar el Evangelio a los infieles”[3]. Este Documento, señala también que los Religiosos deben estar dispuestos “para emprender la obra misionera en las regiones apartadas o abandonadas de la propia diócesis o en otras diócesis”. A su vez, el Decreto exhorta a los Religiosos a ofrecerse, cuando se presente la ocasión, “con valentía a su Obispo para emprender la obra misionera” en las regiones apartadas o abandonadas (19). En un acápite titulado “La vocación misionera” (cap. IV: “Los Misioneros”), se señala que  si bien “a todo discípulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe según su condición, Cristo Señor, de entre los discípulos, llama siempre a los que quiere para que lo acompañen y los envía a predicar a las gentes. Por lo cual, por medio del Espíritu Santo, que distribuye los carismas según quiere para común utilidad, inspira la vocación misionera en el corazón de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos, que reciben como misión propia el deber de la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia” (23[4]). El Concilio se refiere específicamente a la vocación misionera, distinguiéndola de la vocación consagrada, señalando que la vocación misionera no necesariamente implica la vocación consagrada, esto es, pueden ser laicos. Más también distingue la vocación misionera laical del deber general de propagar la fe que tiene a todo bautizado. Esto es, hay una vocación específica a la misión. El Decreto, en efecto, señala que algunos, entre los cuales pueden estar los religiosos, “son sellados con una vocación especial los que, dotados de un carácter natural conveniente, idóneos por sus buenas dotes e ingenio, están dispuestos a emprender la obra misional […] Enviados por la autoridad legítima, se dirigen con fe y obediencia a los que están lejos de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados (Cf. Act., 13,2), como ministros del Evangelio, “para que la oblación de los gentiles sea aceptada y santificada por el Espíritu Santo” (Rom. 15,16)[5]. El Decreto a su vez señala que como la obra misional no puede ser hecha satisfactoriamente individualmente,  desde hace muchos siglos, “la vocación común congregó a los individuos en Institutos, en los que, reunidas las fuerzas, se formen convenientemente y cumplan esa obra en nombre de la Iglesia y a disposición de la autoridad jerárquica” (27). El Decreto recuerda que “muchas veces la Santa Sede les ha confiado evangelizar vastos territorios en que [estos Institutos] reunieron un pueblo nuevo para Dios, una iglesia local unida y sus pastores” (27). Pero no solo recuerda las glorias pasadas de los Institutos Misioneros sino que señala que hoy “continuan siendo muy necesarios los Institutos” ya que, entre otras causas, “aún hay que llevar muchas gentes a Cristo”[6] (27). El Decreto señala que los Institutos Misioneros “a veces asumirán trabajos más urgentes en todo el ámbito de alguna región; por ejemplo, la evangelización de grupos o de pueblos que quizá no recibieron el mensaje del Evangelio por razones especiales o lo rechazaron hasta el momento” (27). En este Documento, se abre la posibilidad de los voluntariados misionales, señalado que si es necesario, los Institutos podrán “formar y a ayudar con su experiencia a los que se ofrecen por tiempo determinado a la labor misional” (27). En el cap. V (“Ordenación de la actividad misional”), se exhorta a los Institutos Misioneros a que coordinen sus trabajos y, a este efecto, recomienda la creación de “Conferencias de religiosos y las reuniones de religiosas” que trabajan en tierras de Misión (33)[7] y exhorta a estas Conferencias a tener estrechas relaciones con las Conferencias Episcopales. El Documento recomienda que esta cooperación entre los Institutos Misioneros se realice en las tierras de misión y en la tierra patria “de suerte que puedan resolverse los problemas y empresas comunes con más facilidad y menores gastos, como, por ejemplo, la formación doctrinal de los futuros misioneros, los cursos para los mismos, las relaciones con las autoridades pûblicas o con los órganos internacionales o supranacionales”[8].

Deber misionero de los Institutos de perfección  (cap. VI “La Cooperación”)

El Decreto Conciliar dedica un paráfrafo (el núm. 40) del sexto capítulo al “deber misionero de los Institutos de perfección”. Son sólo cuatro párrafos. El último está dedicado a los Institutos Seculares, por eso no lo mencionaremos. En el primer párrafo, se reinvidica las glorias pasadas y exhorta a perseverar si desfallecer en el empeño misionero: “los Institutos religiosos de vida contemplativa y activa tuvieron hasta ahora, y siguen teniendo, la mayor parte en la evangelización del mundo. El Sagrado Concilio reconoce gustoso sus méritos, y da gracias a Dios por tantos servicios prestados a la gloria de Dios y al bien de las almas, y les exhorta a que sigan sin desfallecer en la obra comenzada, sabiendo, como saben, que la virtud de la caridad, que deben cultivar perfectamente por exigencias de su vocación, les impulsa y obliga al espíritu y al trabajo verdaderamente católico”. En el segundo párrafo, se menciona que los Institutos Contemplativos tienen una importancia singular en la actividad misionera y, por eso, la Iglesia, en este Decreto, ruega a los Institutos Monásticos a que funden Casas en las zonas de Misión. Estas son las palabras exactas: “los Institutos de vida contemplativa tienen una importancia singular en la conversión de las almas por sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por medio de la oración, envía obreros a su mies, abre las almas de los nos cristianos, para escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones. Más aún: se ruega a estos Institutos que funden casas en los paises de misiones, como ya lo han hecho algunos, para que, viviendo allí de una forma acomodada a las tradiciones genuinamente religiosas de los pueblos, den su precioso testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad de Dios, y de la unión en Cristo”. En el tercer párrafo, se exhorta, a todos los Institutos de consagrados a que, si pueden, extiendan su campo de acción en zonas paganas, aun cuando esto les exija abandonar otros ministerios y cuando para esto deban reformar sus Constituciones[9].

Lett. Circ. “Nello Studio di Rinnovamento” (Congregación para la Evangelización de los Pueblos, 17/5/70)

  Esta carta circular, dirigida los Ordinarios de las tierras de Misión  y a los Superiores de los Institutos Misioneros, se refiere al significado y valor de la vocación misionera y a la formación especial de los futuros misioneros. Destacamos los puntos principales de esta epístola. En primer lugar, esta carta hace una muy interesante observación de lo que podríamos llamar “sociología juvenil”, aunque podría estar desactualizada, ya que fue hecha hace 45 años. La carta dice que a traves de las muchas transformaciones de la sociedad moderna, la generosidad de los jóvenes emerge como un elemento persistente, lo cual es motivo de esperanza y se manifiesta en la prontitud para el servicio en favor a las víctimas de calamidades imprevistas y de los pobres del llamado Tercer Mundo (cfr. 2). Esta constatación sociológica, lleva al Dicasterio de Propaganda Fidei a enunciar una consecuencia concreta respecto de la pastoral vocacional –consagrada y en particular misionera-, la cual es formulada así: “la crisis de las vocaciones, particularmente de las vocaciones misioneras, no está debida tanto a una falta de generosidad de los jóvenes de hoy, cuanto a la insuficiente claridad de la razón misionera [ragione missionaria]” (3[10]). En efecto, como dice el Documento, muchos jóvenes “no ven más las motivaciones específicas y precisas para una opción neta de la evangelización” (3) [11]. El documento a continuación, recuerda en una palabra el motivo por el cual la Evangelización es urgente: la mayoría de la Humanidad aún no es cristiana (“eppure la maggioranza dell´umnitá ancora non e cristiana”) (3). Varios números más adelante, el Documento vuelve a evidenciar el olvido de la razón de ser de la Misión, diciendo que “la urgencia de los problemas del desarrollo humano, […] induce a veces a dar excesiva importancia a los aspectos humanos del desarrollo en desmedro del valor espiritual de la evangelización” (13). También respecto de la pastoral vocacional, la carta señala que la generosidad de los jóvenes para ayudar a los necesitados puede constituir un auténtico germen de vocaciones misioneras (cfr. 6). Esta carta señala que algunos dicen que no hace falta ir a misionar puesto que como las religiones humanas tienen semillas del Verbo, los paganos ya están dispuestos a la salvación. El Dicasterio refuta esta objeción poniendo el ejemplo de la Encarnación. En efecto, si bien las religiones tenían semillas de bien antes de la Encarnación, Dios se hizo hombre y se sacrificó por la salvación de todos (7). Al responder a esta objeción, como de pasada, se incluyen dos afirmaciones particularemente interesantes: “la vocación misionera, en su sentido más pleno, constituye un empeño a continuar en el tiempo y entre todos los pueblos la obra de la Encarnación y de la Redención. A imitación del Señor, el espíritu de sacrificio, en la obediencia y en la entrega, que ha distinguido a los misioneros de todos los tiempos, debe continuar a ser su característica” (7). Luego, la carta se refiere a los métodos misionales, repitiendo la archi-conocida pauta de adaptarlos a las situaciones presentes (cfr. 11) y exhortando al realismo (cfr. 10). Al respecto, es interesante destacar que el Dicasterio dice que es ciertamente útil, si no necesario, completar la normal formación teológica y espiritual de los misioneros, incluso sacerdotes, con una especialización profesional, sobre todo en el vastísismo campo de las ciencias humanas, entre las cuales menciona, a título de ejemplo, la etnología, la literatura, la psicología y la medicina (cfr. 12). Pocos renglones más adelante, encontramos otra afirmación de especial interés: “al menos hasta ahora, la preparación normal de un sacerdote diocesano no es suficiente para el andar misionero” (14). Y, en la oración siguiente, completa la tesis diciendo que “es necesaria una preparación inmediata en relación a la problemática general de la evangelización de una cultura no cristiana y a la situación particular del lugar en el que cada sacerdote deberá desarrollar su actividad” (14).  

S.S. San Juan Pablo II

Ecclesia in Asia

Elenco de ciertos paisajes aislados

  Antes de entrar a estudiar el capítulo dedicado a la Vida Consagrada, haré mención de algunos pasajes previos que ameritan una especial atención. Empecemos a ver la Exhortación Apostólica Postsinodal «Ecclesia In Asia» Sobre Jesucristo el Salvador y su Misión de amor Y de servicio en Asia:«para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10), terminada el 6 de noviembre de 1999.

Introducción (“Las maravillas del plan de Dios en Asia”) y capítulos I y II

  La Exhortación comienza alabando a Dios por “por haber elegido iniciar su plan salvífico en la tierra de Asia, mediante hombres y mujeres de ese continente”, siendo, en efecto, “en Asia donde Dios, desde el principio, reveló y realizó su proyecto de salvación”[12] y en donde el Padre “envió a su Hijo unigénito, […] que se encarnó como asiático” (1). Desde Asia, “mediante la predicación del Evangelio, con la fuerza del Espíritu Santo, la Iglesia fue por doquier a «hacer discípulos a todas las gentes» (cf. Mt 28, 19)” (1). Este prólogo sobre la grandeza asiática, se completa con la gloriosa convicción papal de que el Tercer Milenio será el de Asia:“la convicición de que «como en el primer milenio la cruz fue plantada en Europa y en el segundo milenio en América y África, así en el tercer milenio se pueda recoger una gran cosecha de fe en este continente tan vasto y con tanta vitalidad»” (1) . Luego de constatar que “es realmente un misterio el hecho de que el Salvador del mundo, nacido en Asia, haya permanecido hasta ahora tan desconocido de los pueblos del continente asiático” (2), el Papa afirma cual debe ser la prioridad absoluta de los Obispos, y podemos agregar, de los Misioneros del Asia: la “predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo debe ser vuestra prioridad absoluta»” (2). En los núms. 9 (cap. I) y 10 (cap. II), el Papa volverá a insistir sobre este punto capital. En el núm. 9, insiste en este punto haciendose eco del ardiente deseo de los padres sinodales de que la Iglesia en Asia sea impulsada “a proclamar vigorosamente, con palabras y obras, que Jesucristo es el Salvador” (9). En el núm. 10 sigue insistiendo en esta verdad: anunciar a Cristo es la prioridad absoluta de la Iglesia en Asia[13]. Señala, en efecto, que “compartir la verdad de Jesucristo con los demás es el gran deber de todos los que han recibido el don de la fe” y que “el don mayor que la Iglesia puede ofrecer a Asia”  es compartir el don de fe de la Iglesia en Jesucristo (10)[14]. En el mismo pasaje, el Papa hace una magnífica paráfrasis de una celebérrima sentencia agustiniana, diciendo que «el corazón de la Iglesia en Asia permanecerá inquieto hasta que toda Asia encuentre descanso en la paz de Cristo, el Señor resucitado»” (10). Valga decir que, el capítulo II, en el que se contiene este número, lleva un elocuente título: “Jesús Salvador: un don para Asia”. La esperanza apostolólica que difunde la introducción es reforzada por una afirmación del núm. 4 que dice que el fuego espiritual y el celo que hay “ciertamente convierten a Asia en tierra de una abundante cosecha en el próximo milenio”. Esta esperanza se confirma más en el núm. 9 (cap. I), en el que el Santo Padre señala que el hecho de que el Espíritu de Dios actue “siempre en la historia de la Iglesia en Asia”, fortalece “la esperanza de una «nueva primavera de vida cristiana»” (9).

Estudio del paráfrafo específico sobre la Vida Consagrada:

  Mas ahora, entraremos en nuestro tema específico: la Vida Consagrada. La Exhortación le dedica, en el cap. VII, un acápite al siguiente punto:  “La vida consagrada y las sociedades misioneras”. El título del cápitulo ya da la pauta general: “Testigos del Evangelio”. Este parágrafo dedicado al tema que nos ocupa, ocupa el núm. 44 del Documento, el cual tiene cuatro párrafos. En el primer párrafo, el Papa se remonta a una enseñanza ya contenida en la Exhortación Vita Consecrata. Esta enseñanza es que hay un íntimo vínculo “entre la vida consagrada y la misión”. Este vínculo lo explica así: “en los tres aspectos de confessio Trinitatissignum fraternitatis y servitium caritatis, la vida consagrada hace visible el amor de Dios en el mundo, testimoniando de manera específica la misión salvífica realizada por Jesús mediante su consagración total al Padre”[15]. En el mismo párrafo, recuerda la recomendación pontifica de fundar “comunidades monásticas y contemplativas, donde sea posible”, señalando algo muy fuerte: ésto sirve “para que los constructores no trabajen en vano”[16]. El Papa elenca las tres características principales de la vida consagrada y dice que esta tríada convierte a la vida consagrada en un “un medio privilegiado para una evangelización eficaz” de los infieles. El Papa dice esta tríada puede “dar un testimonio cristiano atractivo a los pueblos de Asia hoy”. Mas, ¿qué elementos componen esta potentísima tríada? Estos tres: la búsqueda de Dios, una vida de comunión y el servicio a los demás[17]. En un pasaje que amerita ser citado sine glossa, el Papa desarrolla más esta tesis del potencial misional de la tríada de la vida consagrada: “la Asamblea especial para Asia insistió en que los consagrados sean testigos, ante los cristianos y ante los no cristianos, de la llamada universal a la santidad, y sean un ejemplo que impulse tanto a unos como a otros al amor generoso hacia todos, especialmente hacia los más pequeños entre sus hermanos y hermanas. En un mundo donde el sentido de la presencia de Dios se halla con frecuencia ofuscado, las personas consagradas deben dar un testimonio convincente y profético del primado de Dios y de la vida eterna. Viviendo en comunidad, atestiguan los valores de la fraternidad cristiana y de la fuerza transformadora de la Buena Nueva. Quienes han abrazado la vida consagrada están llamados a convertirse en líderes en la búsqueda de Dios, una búsqueda que siempre ha apasionado al corazón humano […] Viviendo en comunidad, mediante un testimonio pacífico y silencioso, con su vida pueden estimular a las personas a trabajar por una mayor armonía en la sociedad. Eso es lo que se espera también de las mujeres y hombres consagrados en la tradición cristiana. El ejemplo de pobreza y abnegación, de pureza y sinceridad, de capacidad de sacrificio en la obediencia puede convertirse en testimonio elocuente, capaz de conmover a las personas de buena voluntad […] Eso hace que la vida consagrada sea un medio privilegiado para una evangelización eficaz”. Valga volver a elencar las actitudes que, según el Papa, especialmente deben tener los consagrados en orden a convertir a los infieles: llamada universal a la santidad, amor generoso hacia todos, especialmente hacia los más pequeños, dar un testimonio convincente y profético del primado de Dios y de la vida eterna, vivir en comunidad, atestiguando los valores de la fraternidad cristiana y de la fuerza transformadora de la Buena Nueva, buscar apasionadamente a Dios, vivir una vida comunitaria armoniosa, dar ejemplo de pobreza y abnegación, de pureza, sinceridad y de capacidad de sacrificio en la obediencia. En el mismo número, se vuelve a reivindicar las glorias misioneras de las Congregaciones en el pasado y se vuelve a exhortar a perseverar en el “compromiso misionero”, a la vez que se vuelve invitar “a los consagrados a renovar su celo por proclamar la verdad salvífica de Cristo”. El Papa recordando el deber de cada Orden de ser fiel a su carisma y de integrarse “en los planes pastorales de la diócesis en la que se encuentran y las Iglesias locales”, exhortando a promover las vocaciones consagradas, pide poner el acento en dos cosas: la santidad personal y el testimonio. Es interesante mencionar que el documento manifiesta que cada diocesis de zonas de misión deberá contar con “sacerdotes o religiosos que trabajen a tiempo completo entre los jóvenes, para ayudarles a escuchar y discernir la llamada de Dios”. Este rico acápite termina con una exhortación a que se funden nuevos Institutos Misioneros en los lugares de Asia donde no aun existen. Dice que estos Institutos deben caracterizarse “por un compromiso específico en favor de la misión ad gentesad exteros y ad vitam»”. El Papa, señala, que la fundación de estos nuevos Institutos, “dará seguramente frutos abundantes no sólo en las Iglesias que reciben a los misioneros, sino también en las que los envían”[18].

S.S. Francisco

Mensaje por el Año de la Vida Consagrada

  El Papa Francisco en su Carta apostólica a todos los consagrados con ocasión del Año de la Vida Consagrada (21/9/14), hace varias referencias al tema que nos ocupa en esta conferencia: la vida consagrada y la actividad misionera. Como ya señalamos, en Ecclessia in Asia, San Juan Pablo II elencaba lo que él llamaba “las tres características principales de la vida consagrada”. S.S. Francisco, a su vez, en esta Carta Apostólica, con suma claridad, precisa cuál es la nota que caracteriza la vida consagrada. Indica una sola nota[19]. Y lo dice con grande fuerza, usando estas palabras: “la nota que caracteriza a la vida consagrada es la profecía” (II.2). Luego, de señalar que “los religiosos siguen al Señor […] de modo profético”, pontifica que la prioridad actual de los Consagrados debe ser la profecía. Lo dice así: “Esta es la prioridad que ahora se nos pide: «Ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra… »” (II.2). El Papa señala que el consagrado, en tanto profeta, está llamado a despertar al mundo (II.2). En la misma línea, recuerda que “´id al mundo entero´, fue la última palabra” de Jesús y que aun “hay toda una humanidad que espera, […] hombres y mujeres […] sedientos de lo divino” (II.4). Luego, describe lo que podemos llamar la fisonomía de la profecía y señala que el profeta es capaz “de denunciar el mal del pecado y las injusticias, porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, [y porque] no tiene otros intereses que sino los de Dios”. El profeta, dice el Papa, “sabe que Dio está de su parte” (II.2). Hay otros elementos a destacar. Los menciono rápido. El Papa señala que los consagrados tenemos “una gran historia que construir” (I) y que debemos seguir el soplo del “Espíritu [que] [n]os impulsa para seguir haciendo con [n]osotros grandes cosas” (I). El Papa exhorta a “responder creativamente a las necesidades de la Iglesia” (I.1); a tener  caridad apostólica (I.1) con una “entrega total al servicio de la Iglesia” (II.1), sabiendo que “el camino de la caridad que se abre ante nosotros es casi infinito” (II.3);  “a vivir el presente con pasión” (I.2); a vivir el Evangelio con plenitud, radicalidad y sinceridad (cfr. I.2); a vivir con alegría (II.1); a cultivar lo que el Papa llama “la mística del vivir juntos” (II.3); a unirse totalmente a Cristo (cfr. I.2); a levantar nuestra esperanza y no tener miedo (cfr. I.3). El Papa previene a los Consagrados de varias tentaciones que conspiran contra nuestra Misión. Menciono algunas. El Santo Padre advierte contra la tentación, en la que cayó Jonás, “de huir, de evitar el cometido del profeta, porque es demasiado exigente, porque se está cansado, decepcionado de los resultados” (II.2). El Papa, también, previene contra “las insidias del relativismo” (I. 3). A su vez, en lo que respecta a la fecundidad misionera, el Papa previene a los consagrados contra, lo que podemos llamar,  la tentación de la numerolatría. Lo dice con estas palabras:  “la esperanza de la que hablamos no se basa en los números o en las obras, sino en aquel en quien hemos puesto nuestra confianza (cf. 2 Tm 1,12) y para quien «nada es imposible» (Lc 1,37). Esta es la esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro, […] conscientes de que hacia él es donde nos conduce el Espíritu Santo para continuar haciendo cosas grandes con nosotros” (I.3). Por eso, insiste el Papa, “no hay que ceder a la tentación de los números y de la eficiencia, y menos aún a la de confiar en las propias fuerzas” (I.3). El Papa previene también contra la tentación de perder la alegría. Dice: “que entre nosotros no se vean caras tristes, personas descontentas e insatisfechas” (II.1). Si caemos en esta tentación, no podremos esperar que muchos jóvenes quieran entrar en nuestras filas. En efecto, dice el Papa, “Sí, la vida consagrada no crece cuando organizamos bellas campañas vocacionales, sino cuando los jóvenes que nos conocen se sienten atraídos por nosotros, cuando nos ven hombres y mujeres felices. Tampoco su eficacia apostólica depende de la eficiencia y el poderío de sus medios. Es vuestra vida la que debe hablar, una vida en la que se trasparenta la alegría y la belleza de vivir el Evangelio y de seguir a Cristo” (II.1). En este contexto, el Papa repite esa fórmula que fue dicha antes por Benedicto XVI y que, sacada de contexto podría sonar rara: “«la Iglesia no crece por proselitismo, sino por atracción» (n. 14)”.

Audiencia a los participantes del “Convegno Internazionale per i Giovani Consacrati, 17.09.2015

  En este Año, Año de la Vida Consagrada, el Santo Padre Francisco se dirigió a cinco mil jóvenes consagrados en una audiencia especial. En esta intervención papal, encontramos algunos elementos que es oportuno traer a colación respecto del tema que nos ocupa, la vida consagrada y la actividad misionera. Hablar de consagrados y de vida misionera es hablar del testimonio y de la profecía. Al respecto, el Santo Padre luego de advertir que “la comodidad en la vida consagrada” es “un problema muy serio”[20], precisó que el Señor nos llama al “´modo profetico´ de la libertad, esto es, la libertad que va unida al testimonio”. Acto seguido advirtió con fuerza lo siguiente: “También la vida consagrada puede ser esteril, cuando no es realmente profética; cuando no se permite soñar” y, más adelante, señalará que el consagrado debe “seguir a Jesús de manera profética” y que la profecía se debe ejercer “con nuestro testimonio, con el corazón que arde, con el celo apostólico que calienta los corazones de los demás”. En italiano, dice que el religioso debe ser un profeta con “un cuore che bruccia, [con] zelo apostolico”. Luego de elogiar a Santa Teresita por no haber perdido nunca su capacidad de soñar, señaló que “´profecía, [y] capacidad de soñar es lo contrario de la rigidez”. El Papa exhorta a soñar, lo cual, claro, no debe ser entendido como un mandato de ser ilusos ni en el sentido de la herejía d elos Iluminados. El Santo Padre contrapone dos modelos: el del Religioso que es profeta y soñador y el de la rigidez farisaica y así sentencia que “los rígidos no pueden soñar”. He aquí que el Papa dice que los consagrados debemos tener el “corazón siempre abierto a aquello que dice el Señor y aquello que nos dice el Señor, [debemos] llevarlo al diálogo con el superior, […] con la Iglesia, con el obispo”. De pasada, es curioso, el Santo Padre advierte que “los institutos religiosos son todos provisorios: el Señor elgie uno por un tiempo, después lo deja y hace otro; ninguno tiene la posibilidad de permanecer para siempre”. Eso de que los Franciscanos existirán hasta la Parusía, como dicen que el Señor dijo en una aparición, si es cierto será una excepción a este principio universal enunciado por el Papa. Con esto terminamos, la parte referida al Magisterio. Veamos ahora brevemente lo que dice nuestro Derecho Propio.

La vida consagrada y la actividad misionera en el Derecho Propio del IVE

  En esta segunda parte, estudiaré el tema que nos ocupa a la luz de nuestro Derecho Propio, en el cual a menudo se percibe como un eco del Magisterio Misional de San Juan Pablo II. Me detendré especialmente en el Directorio de Misiones Ad Gentes y en particular en el parágrafo que éste dedica a la vida consagrada. Respecto de los demás Directorios, presentaré todos los lugares en los que éstos se refieren explícitamente a la misión ad gentes. No será una exposición extensa ya que estos lugares no son ni extensos ni muchos. Esta brevedad jurídica, valga decirlo, no implica que no sean lugares muy ricos. ¡Ciertamente lo son! Ahora bien, sin contar el Directorio respectivo, en todos los demás Directorios sólo hay tres menciones explícitas a las Misiones Ad Gentes. Entremos en tema.

Directorio Ecumenismo

El Directorio de Ecumenismo recuerda que “las dos terceras partes de la humanidad no son cristianas” y que “la misión salvadora dirigida a los no cristianos (los ‘gentiles’) se denomina propiamente ‘missio ad gentes‘”, la cual tarea se distingue específicamente de la “la preocupación salvadora [de la Iglesia] hacia sus propios hijos[, la cual] se designa como ‘tarea pastoral’” y de la “la misión hacia los cristianos no católicos [la cual] se define con el término ‘ecumenismo’”.

Directorio Misiones Populares

El Directorio de Misiones Populares sentencia que “el analogado principal de las Misiones son las Misiones «ad gentes»” y que al respecto es “es imprescindible conocer la encíclica del Papa Juan Pablo II, «Redemptoris Missio»” (4).

Directorio de Catequesis

El Directorio de Catequesis, al hablar de los diversos “ambientes socio-culturales”, señala que la peculiaridad de la misión ad gentes “consiste en el hecho de dirigirse a los no cristianos invitándoles a la conversión”.

Directorio de Misiones Ad Gentes

  El Directorio de Misiones Ad Gentes tiene un acápite dedicado a la Vida Consagrada, intitulado, “La vida consagrada – medio privilegiado para la misión”. Veámoslo brevemente. El Directorio indica que la vida religiosa es “un llamado a la santidad y es de esta santidad de la que debemos dar testimonio ante un mundo sediento de Dios”. Señala tambien que “el testimonio silencioso de pobreza y de desprendimiento, de pureza y de transparencia, de abandono en la obediencia puede ser” una interpelación y “una predicación elocuente, capaz de tocar incluso a los no cristianos de buena voluntad, sensibles a ciertos valores”. El Directorio nos manda ser “servidores de la verdad”, que anuncien a la gente la “verdad acerca de Dios, la verdad acerca del hombre y de su misterioso destino, la verdad acerca del mundo”. Usando un vocabulario fuerte, el Directorio, a su vez, nos manda “no vende[r] ni disimula[r] jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar” y nos manda “no obscurece[r] la verdad revelada por pereza de buscarla, por comodidad, [o] por miedo”. El Directorio nos prohibe “desempeña[r] la tarea de un funcionario” y, citando el ejemplo paulino, nos exhorta a darle a los demás no sólo “el Evangelio de Dios, sino aun nuestras propias vidas”. El Directorio nos exige “dedicar[nos] sin reservas y sin mirar atrás al anuncio de Jesucristo”. Nos previene a su vez contra  la tentación de “forzar demasiado” o atropellar a las almas, de herirlas y de no respetar sus conciencias. Advierte que hay “afirmaciones que pueden ser claras para los fieles, pero que pueden ser causa de perturbación o escándalo en los recién iniciados, provocando una herida en sus almas”. El Directorio, en una especie de alabanza de los Santos, nos exhorta a “anunciar el evangelio con el fervor y el entusiasmo de los santos, aún en los momentos de dificultad y persecución”, a la vez que nos recuerda que “los santos son señal elocuentísima de la vitalidad de la Iglesia, [y que] ellos siempre han transformado al mundo” y que ellos “han sido los verdaderos reformadores del mundo y de la Iglesia” y “el fruto mayor y más completo de la Encarnación y de la Redención”. “Los santos, precisa el Directorio, “han sabido superar todos los obstáculos que se oponían a la evangelización, y, por lo tanto, son modelos a seguir y a los cuales debemos acudir en la obra de evangelización” El Directorio prescribe que debemos pedir a Dios una gracia muy específica, esto es la gracia de tener “la alegría de evangelizar, incluso cuando tengamos que sembrar entre lágrimas”. El Directorio nos manda evangelizar “como Juan el Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo largo de la historia de la Iglesia – con un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir” y nos pide que “sea ésta [=la alegría de evangelizar] la mayor alegría de nuestras vidas entregadas”. El Directorio nos previene contra la tentación de ser  “evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos”, a la vez que nos exhorta a ser “ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes […] aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo”. El Directorio señala que “si bien el testimonio de vida es el primer anuncio”, “sin embargo es necesario que nuestro testimonio sea presentado también de un modo explícito […,] [haciendo] un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús”. El Directorio, a su vez, enfatiza este mandato al recordarnos que “no hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”. El Directorio, con mucha fuerza, dice que “todo misionero que […] vaya en pos de doctrinas teológicas “pluralistas” o “relativistas” deberá ser oportunamente corregido por su superior y, en la eventualidad de no querer aceptar esa corrección deberá ser removido del lugar de misión”. Dios nos dé la gracia de ser Santos Religiosos y Santos Misioneros. Amén  

Índice

  Introducción. 3 La vida consagrada y la actividad misionera en el Magisterio de la Iglesia. 3 S.S. Beato Pablo VI. 3 Decreto Ad Gentes Sobre La Actividad Misionera De La Iglesia. 3 Elenco de ciertos paisajes aislados. 3 Deber misionero de los Institutos de perfección  (cap. VI “La Cooperación”). 6 Lett. Circ. “Nello Studio di Rinnovamento” (Congregación para la Evangelización de los Pueblos, 17/5/70)  7 S.S. San Juan Pablo II. 8 Ecclesia in Asia. 8 Elenco de ciertos paisajes aislados. 8 Introducción (“Las maravillas del plan de Dios en Asia”) y capítulos I y II. 9 Estudio del paráfrafo específico sobre la Vida Consagrada: 10 S.S. Francisco. 12 Mensaje por el Año de la Vida Consagrada. 12 Audiencia a los participantes del “Convegno Internazionale per i Giovani Consacrati, 17.09.2015. 14 La vida consagrada y la actividad misionera en el Derecho Propio del IVE.. 15 Directorio Ecumenismo. 15 Directorio Misiones Populares. 15 Directorio de Catequesis. 16 Directorio de Misiones Ad Gentes. 16 Índice. 17   [1] Capítulo II La Obra Misionera, Art. 3.: Formación De La Comunidad Cristiana. [2] “Organicen un plan común de acción pastoral y las obras oportunas, para aumentar en nûmero, juzgar con mayor seguridad y cultivar con más eficacia las vocaciones para el clero diocesano y los institutos religiosos, de forma que puedan proveerse a sí mismas, poco a poco, y ayudar a otras”. [3] “Emprendan fervorosamente los sacerdotes nativos la obra de la evangelización en las Iglesias jóvenes, trabajando a una son los misioneros extranjeros, con los que forman un presbiterio aunando bajo la autoridad del Obispo, no sólo para apacentar a los fieles y celebrar el culto divino, sino también para predicar el Evangelio a los infieles. Estén dispuestos y cuando se presente la ocasión ofrézcanse con valentía a su Obispo para emprender la obra misionera en las regiones apartadas o abandonadas de la propia diócesis o en otras diócesis. Inflámense en el mismo celo los religiosos y religiosas e incluso los laicos para con sus conciudadanos, sobre todo los más pobres”. [4] “Aunque a todo discípulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe según su condición, Cristo Señor, de entre los discípulos, llama siempre a los que quiere para que lo acompañen y los envía a predicar a las gentes. Por lo cual, por medio del Espíritu Santo, que distribuye los carismas segûn quiere para común utilidad, inspira la vocación misionera en el corazón de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos, que reciben como misión propia el deber de la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia”. [5] “Son sellados con una vocación especial los que, dotados de un carácter natural conveniente, idóneos por sus buenas dotes e ingenio, están dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros: sacerdotes, religiosos o laicos. Enviados por la autoridad legítima, se dirigen con fe y obediencia a los que están lejos de Cristo, segregados para la obra a que han sido llamados (Cf. Act., 13,2), como ministros del Evangelio, “para que la oblación de los gentiles sea aceptada y santificada por el Espíritu Santo” (Rom. 15,16)” (23). [6] “Por estas causas y porque aûn hay que llevar muchas gentes a Cristo, continûan siendo muy necesarios los Institutos”. [7] “Los Institutos que se dedican a la actividad misional en el mismo territorio conviene que encuentren un buen sistema de coordinar sus trabajos. para ello son muy ûtiles las Conferencias de religiosos y las reuniones de religiosas, en que tomen parte todos los Institutos de la misma nación o región. Examinen estas Conferencias qué puede hacerse con el esfuerzo comûn y mantengan estrechas relaciones con las Conferencias Episcopales”. [8] “Todo lo cual, y por idéntico motivo, conviene extenderlo a la colaboración de los Institutos misioneros en la tierra patria, de suerte que puedan resolverse los problemas y empresas comunes con más facilidad y menores gastos, como, por ejemplo, la formación doctrinal de los futuros misioneros, los cursos para los mismos, las relaciones con las autoridades pûblicas o con los órganos internacionales o supranacionales” (33). [9] “Los Institutos de vida activa, por su parte, persigan o no un fin estrictamente misional, pregûntense sinceramente delante de Dios si pueden extender su actividad para la expansión del Reino de Dios entre los gentiles; si pueden dejar a otros algunos ministerios, de suerte que dediquen también sus fuerzas a las misiones; si pueden comenzar suactividad en las misiones, adaptando, si es preciso, sus Constituciones, fieles siempre a la mente del Fundador; si sus miembros participan segûn sus posibilidades, en la acción misional; si su género de vida es un testimonio acomodado al espíritu del Evangelio y a la condición del pueblo”. [10] La traducción de este documento nos pertenece. [11] “Molti giovani, purtroppo, non vedono piu le motivazione specifiche e precise per una scelta netta dell´evangelizzacione”. [12] “La Iglesia en Asia canta las alabanzas del «Dios de la salvación» (Sal 68, 20) por haber elegido iniciar su plan salvífico en la tierra de Asia, mediante hombres y mujeres de ese continente. En efecto, fue en Asia donde Dios, desde el principio, reveló y realizó su proyecto de salvación” (1). [13] Todas las negritas de este trabajo nos pertenecen. [14] “La fe de la Iglesia en Jesucristo es un don recibido y un don que ha de compartirse; es el don mayor que la Iglesia puede ofrecer a Asia. Compartir la verdad de Jesucristo con los demás es el gran deber de todos los que han recibido el don de la fe”. [15] DN. [16] “La Iglesia en Asia, reconociendo que toda acción realizada en la Iglesia se apoya en la oración y en la comunión con Dios, considera con profundo respeto y aprecio a las comunidades religiosas contemplativas como una fuente especial de fuerza e inspiración. Acogiendo las recomendaciones de los padres sinodales, aliento encarecidamente la fundación de comunidades monásticas y contemplativas, donde sea posible. De esa forma, como recuerda el concilio Vaticano II, la obra de edificación de la ciudad terrena puede cimentarse en el Señor y tender a él, para que los constructores no trabajen en vano”. [17]La búsqueda de Dios, una vida de comunión y el servicio a los demás son las tres características principales de la vida consagrada, que pueden dar un testimonio cristiano atractivo a los pueblos de Asia hoy.. [18] “En el marco de la comunión de la Iglesia universal, no puedo por menos de invitar a la Iglesia en Asia a enviar misioneros, aunque ella misma tenga necesidad de obreros para la viña. Me alegra constatar que se han fundado recientemente institutos misioneros de vida apostólica en varios países de Asia, como reconocimiento del carácter misionero de la Iglesia y de la responsabilidad de las Iglesias particulares en Asia de anunciar el Evangelio en todo el mundo. Los padres sinodales recomendaron que, «donde no existan, se instituyan, dentro de cada Iglesia local de Asia, sociedades misioneras de vida apostólica, caracterizadas por un compromiso específico en favor de la misión ad gentesad exteros y ad vitam». Esa iniciativa dará seguramente frutos abundantes no sólo en las Iglesias que reciben a los misioneros, sino también en las que los envían”. [19] Los textos de ambos Pontífices deben entenderse como complementarios, no dialécticamente, sabiendo que se iluminan recíprocamente. [20] La traducción de estos textos nos pertenece.

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