Madre Viva y siempre fecunda en hijos (desde Hong Kong)

“Reflexiones a modo de crónica de las celebraciones pascuales en Hong Kong, donde fueron bautizadas casi 100 personas en la parroquia confiada a nuestro Instituto!”.

 Hong Kong, 8 de abril de 2012

Ellos, acogiendo la palabra [de Pedro], fueron bautizados; y fueron agregadas en aquel día como unas tres mil almas. (He 2,41) Siempre me pregunté cómo habrá sido esta ceremonia donde fueron bautizadas, probablemente por todos los Apóstoles, tantas personas, hombres religiosos de toda nación de las que están debajo del cielo (He 2,5). Me la imagino apoteótica, por el número, la diversidad y la importancia. Por cierto que debe haber sido una escena digna de verse, que ha quedado en la memoria de los primeros cristianos y que el Evangelista Lucas nos ha legado en sus Hechos de los Apóstoles.

Les voy a contar lo que pasó acá en nuestra Parroquia “San Pedro y San Pablo” de Yuen Long, Hong Kong, en la Vigilia de Pascua y en el Domingo de Resurrección. Aquí aconteció algo bello, hermoso, espectacular, emocionante y conmovedor hasta lo más hondo del alma: durante la Misa de Vigilia Pascual, se bautizaron 68 personas adultas, recibieron la Confirmación y la Primera Comunión; 68 hombres y mujeres que van de los 15 a los 93 años. Y a la mañana siguiente, en la Misa del domingo de Resurrección, 23 bebés recibieron el sacramento del Bautismo. 91 neófitos, 91 nuevos hijos e hijas de Dios en nuestra Parroquia.

La Vigilia Pascual de por sí es una ceremonia que, con el despliegue de todos sus signos, deslumbra y emociona, colmando nuestras almas con toda clases de frutos espirituales. Pero algunas partes o signos que en otro tiempo para mí, estando en Argentina, eran algo “lejano”, como los bautismos y confirmaciones en Vigilia Pascual, la bendición de la fuente bautismal, entre otras cosas, aquí fue algo vívido y pleno: 68 personas eran bautizadas y confirmadas, y se acercaban por primera vez a recibir el Cuerpo y la Sangre del Señor, que acababa de inmolarse por ellos en Viernes Santo y que en ese momento se alzaba victorioso de la muerte, resucitándolos también a ellos de la muerte del pecado, como hizo con nosotros y con todos los hijos de la Iglesia desde aquella primera Noche Santa, la más santa y dichosa de todas. Es como, por decirlo de alguna manera, una aplicación palpable e inmediata de los efectos del Misterio Pascual en el mundo y en la Iglesia.

Bautismos de adultos en Hong Kong

Mientras veía al P. Gervais derramando el agua sobre sus cabezas, uno tras otro, y lo escuchaba pronunciar la fórmula trinitaria, mi mente y mi corazón iban y venían en oraciones,  pensamientos y sentimientos que son imposibles de resumir en una crónica, pero puedo decir que recordé que en la diócesis de Hong Kong en ese mismo momento se estaban bautizando a más de 3.500 almas (sí, tres mil quinientas), como en el primer Pentecostés  de la Iglesia, y que se harían bautismos en todas partes del mundo (había leído que en Francia se bautizarían 3.000 esa noche); pensé en todos los que, lo sepamos o no, trabajaron, sufrieron, predicaron, rezaron por esas almas, aquí y ahora, y en otras partes del mundo y de la Historia, empezando por Jesucristo, el único por quien los sacramentos son eficaces, lo mismo que cualquier esfuerzo de los misioneros.

Reflexionaba cómo Dios, en su infinita misericordia y por su Gracia, habrá escogido y tocado cada una de estas almas, y las habrá llamado y convocado a ser parte de su Iglesia, dándoles la gracia de la conversión. Pensaba en el año y medio de  catecumenado y de clases de catecismo en el que se fueron preparando, perseverantes y entusiastas, y que hoy llegaba a su término, para dar comienzo a una vida nueva, vida plena de hijos de Dios. Pensaba en sus catequistas y aquellos que les enseñaron la doctrina, aquellos que les predicaron y les dieron ejemplo.

Confirmaciones de adultos en Hong Kong

Emocionante ver a una señora china de 93 años en silla de ruedas recibiendo el bautismo, junto a su hijo. O saber que entre ellos había una joven de 15 años que se tuvo que oponer a toda su familia para bautizarse. Fueron varias las personas mayores de edad que se bautizaron, lo cual supone una conversión total de vida, desde el ateísmo u otras tradiciones religiosas, budistas, taoístas o folclóricas, y a veces desde ambientes familiares y sociales completamente ajenos y hostiles a la Fe. Me imaginé que la Vigilia Pascual en la antigüedad, en los primeros siglos de la Iglesia, debió ser algo así como lo que hemos vivido esta noche. A mí me tocó vivirlo por primera vez. Tuve la gracia y la alegría de confirmarlos junto con el P. Gervais y de darles la primera comunión.

A todo esto se agrega la desbordante alegría de toda la comunidad, como un anticipo del Cielo: alegría de los padrinos y las madrinas, muchos de los cuales son amigos y laicos muy activos en la Parroquia; de los casi 20 monaguillos que sirvieron devota y solemnemente el Altar; del coro de la parroquia poniendo el alma en cada nota, y de los fieles, tan exultantes de alegría como apiñados en los bancos, dado que casi un tercio de los bancos estuvieron ocupados solo por catecúmenos y padrinos (y eso que es uno por bautizado, que si no, no hay iglesia que aguante…). Regocijo que fue como impregnando toda la ceremonia, que duró casi tres horas, pero que se pasó como si nada. En nuestra parroquia, éste ha sido el año con más bautismos en muchísimos años.

Finalizada la ceremonia religiosas, siguió la sesión (interminable) de fotos, algo cuasi religioso para los habitantes de estos lares… Y luego hicimos, con los que se quisieron quedar, los festejos pertinentes en la cancha de básquet de la escuela parroquial. Pasadas las 12 de la noche se iban yendo los últimos (la Vigilia empezó a las 20 hs.).

Comunidad Parroquial de la Parroquia del Instituto del Verbo Encarnado en Hong Kong

En esta noche dichosa, “en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino” (Pregón Pascual), el alma que contempla el misterio de su Redención termina como engrandecida, expandida por la alegría y por el amor a Dios y a Jesucristo, que con su Misterio Pascual hace a su Esposa, la Iglesia, Madre fecunda en hijos e hijas, siempre joven, desde hace más de 2000 años. Y a veces nos da la gracia de verlo; y es una alegría inmensa como misionero ver estas cosas.

91 es un número grande. Personalmente siempre tengo el miedo de que nos quedemos en lo anecdótico o extraordinario del número, y se corra el riego, sobre todo en nosotros, los más jóvenes, de creer – a veces casi inconscientemente – que el éxito está en la cantidad, aunque claro que nos alegra muchísimo, y así debe ser, que sean numerosos los que se aprovechan de la Gracia. Pero en la cruz eran pocos junto a Cristo; luego de su muerte y resurrección se transformaron en miles. Y aunque deseemos y procuremos con todas nuestras fuerzas expandir el Reino de Cristo a cuantos más podamos, y soñemos con que se nos cansen los brazos de bautizar (no le pregunté, pero creo que al P. Gervais un poco se le deben haber cansado el sábado), no caigamos nunca en la tentación de creer que el éxito apostólico es cuantificado numéricamente ni que se nos achique la Fe si solo nos toca leer estas cosas en crónicas, a pesar de la fidelidad y los esfuerzos realizados; y que nunca nos desanimemos ni trabajemos menos si en la Misa de domingo tenemos “solo” 20 o 30 personas, como pasa tanto en Taiwán como en Groenlandia (y en muchos otros lados). Que por una sola alma convertida se hace gran fiesta en el Cielo, y se salva la propia, porque entienda que el que convierte un pecador del extravío de su camino, salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados (St 5,20).

Cuando tuve la hermosísima e inolvidable experiencia de misionar en un lugar donde por varios años los sacerdotes no podíamos contar a nadie en nuestras Misas y Vigilias Pascuales, personalmente cobraba ánimos, como dicen de san Pablo (He 28,15), leyendo las crónicas de las misiones de mis hermanos y hermanas de la familia religiosa (¡cuánto les debo y les agradezco!) y en la Fe me sabía allí con ellos, misionando con ellos, místicamente unidos en la Gracia, fecundos por el Misterio Pascual de Cristo. Algo que por gracia de Dios se nos enseña claramente en el seminario; algo que repetimos mucho los misioneros, pero que después cada uno debe hacer carne en la misión, a veces dejándola en jirones. Hoy Dios me da la gracia de estar viendo y viviendo, aunque casi como recién llegado, esta otra realidad y deseé compartir esto con Uds.; de manera particular, mi mente vuela rauda a los misioneros y cristianos que están “en las sombras”, que abundan en muchas partes del mundo, cerca y lejos de Hong Kong.

Por eso quiero también dedicar especialmente esta alegre noticia y estas pobres reflexiones a los misioneros en tierras martiriales y en misiones emblemáticas, a sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos; a los que están bajo guerras cruentas, y también a los de las incruentas, silenciosas y desgarradoras; a los misioneros que, siendo fieles a su vocación y a  sus deberes de estado, les ha tocado sembrar entre piedras y espinos, a veces, toda una vida; a los que misionan desde la árida tarea de la docencia y las publicaciones; a los contemplativos de ambas ramas que “fecundan silenciosamente la Historia” (B. Juan Pablo II); a los enfermos y a todos aquellos que sufren, en el cuerpo y en el alma, y rezan por las misiones. Estos son sus frutos, porque estos neófitos nacieron del costado abierto del Señor, pero también de aquellos que fieles al Maestro derraman hasta la última gota de sangre en las cruces que a cada uno le envía. ¡Y pensar que lo que vemos en esta tierra es solo una sombra! ¡De lo que nos enteraremos y alegraremos en el Cielo! ¡Bien sabemos que Dios no se deja ganar nunca en generosidad!

A todos les pido que nos sigan ayudando con sus oraciones y sacrificios a fin de que nuestros neófitos sean siempre como aquellos que, oyendo la palabra de S. Pedro, perseveraban asiduamente en las doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. (He 2,42) ¡Muchas gracias!

En otro momento les contaré cómo está organizado el catecumenado para adultos y las clases de Catecismo de niños de la Parroquia, que es muy interesante.

¡Dios los bendiga y les conceda unas Felices Pascuas de Resurrección a todos!

Misioneros en Hong Kong.

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