A propósito de siete Santas Misioneras en China: Santa María Herminia de Jesús y Compañeras Mártires (Primera Parte: La Misión en China)

A propósito de siete Santas Misioneras en China: Santa María Herminia de Jesús y Compañeras Mártires (Primera Parte: La Misión en China)

 

Santa Herminia de Jesús y Compañeras Mártires. Misioneras en China

Santa Herminia de Jesús y Compañeras Mártires. Misioneras en China

 

A continuación, a lo largo de cuatro entregas, continuamente, iremos presentando la Historia de siete Santas Misioneras en China: Santa María Herminia de Jesús y Compañeras Mártires. La base de las entradas sobre estas Santas fue tomada de un texto que nos entregó, hace unos días, la Superiora de un Convento de Misioneras en Taiwán, que tienen a las Santas como sus Patronas. El contenido de las entradas será el siguiente: la Misión en China (Primera Parte); el Martirio (Segunda Parte); Cartas de las Santas Misioneras (Tercera Parte); la Vida de las Santas en Particular (Cuarta Parte).

Las Santas pertenecían al Instituto Franciscanas Misioneras de María. Fueron canonizadas el primero de octubre del 2000 por San Juan Pablo II Magno junto a un gran número de Mártires chinos. La fiesta de estas Santas se celebra el 9 de julio.

El Instituto Religioso al que pertenecían las Mártires fue fundado en 1877durante el pontificado del Beato Pío IX por la Beata María de la Pasión (1839-1904). El fin de esta Congregación específicamente misionera es llevar la Santa Fe Católica a los lugares más lejanos y difíciles. La Fundadora decía, respecto de la adoración diaria al Santísimo, que “el gran misionero del Instituto es Jesús expuesto y adorado”.

Al tiempo de la fundación en Taiyuan (China) algunas de sus Religiosas  ya habían partido a lugares, como Mongolia y la India. Cuando la Madre Fundadora muere en el 1904 dejó 86 casas en India, China, Japón, Congo, Madagascar, América del Norte y del Sur, Europa y 3000 religiosas.

En 1898 Monseñor Francisco Fogolla, Obispo auxiliar de Shanxi (China) visitó una comunidad de las Religiosas con la intención de que vayan a misionar a su diócesis, la cual estaba atendida por los Padres franciscanos. En ese entonces, la Beata Fundadora era la Superiora General.

El Obispo les expone sus necesidades: servir a los pobres del Hospital que estaba en construcción; atender los pobres niños de un Orfanato; educar a las mujeres; cuidar a los marginados; montar una imprenta, dar clases de catequesis y hacer otros trabajos pastorales. Pide diez o doce Religiosas. El Obispo quería que la presencia de las Religiosas fuese un testimonio de la caridad de Cristo.

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Para muchos en esta época, enviar Religiosas a lugares lejanos como China era considerado una locura, por las dificultades que esto implicaba: viajes largos y penosos y condiciones de vida precaria. Además, existía entre los chinos una ola de odio a los extranjeros. Los llamaban “diablos extranjeros”. Pero, la Beata Madre María de la Pasión acepto el desafio ya que sentía la urgencia de llevar a Cristo a los confines del mundo.

Había que tener en cuenta que en el lugar de Misión poco tiempo antes había sido asesinado un Sacerdote. En China comenzaba una epoca de persecución. Por otra parte, el camino para llegar a Shanshi era peligroso y tomaba mucho tiempo. A pesar de todas las dificultades existentes para enviar Religiosas a China, la Madre escogió un grupo de ocho almas generosas para llevar a cabo esta arriesgada obra, todas las cuales coronarán sus esfuerzos misionales con la palma del Martirio, salvo una que no pudo llegar a destino por una enfermedad que contrajo en el osado viaje. Esta escuadra fue conformada por las siguientes Religiosas:

Santa María Herminia de Jesús (francesa , 33 años; Superiora;

Santa María Arandina (belga, 27 años);

Santa María Clara (italiana, 27 años; su hermano de sangre, P. Bernabé Nanetti estaba misionando en China desde octubre de 1892);

Santa María de Santa Natalia (francesa, 35 años);

Santa María Adolfina (holandesa, 33 años);

Santa María de San Justo (francesa, 33 años);

Santa María de la Paz (italiana, 24 años);

María de los Siete Dolores no llega a destino, pues se enferma durante el viaje.

Excepto Santa María de Santa Natalia, que habia realizado sus votos perpetuos hacia unos años, el resto de las Religiosas profesaron en el año anterior e incluso en el mismo ano de la partida a la Misión.

La Comunidad fue puesta bajo el patrocinio de San Pascual de Baylon, franciscano devoto de la Eucaristía.

Finalmente, el 12 de marzo de 1899, parten desde el puerto de Marsella hacia Taiyuan (Shansi). Al grupo de Religiosas se unen Mons. Fogolla, cinco Padres franciscanos y un Sacerdote javeriano. Llegan a Shanghai después de 35 días de viaje en barco. Desde Shanghai deberán recorrer el resto de trayecto a caballo, arrivando a Taiyuan el 4 de mayo. Fueron casi dos meses de viaje.

Una de las Hermanas se enferma llegando a China y deberá quedarse en el lugar con Religiosas de otra Congregación.

Durante el primer tiempo deben dedicarse a estudiar la lengua. En una carta a la Madre, Santa Clara Mártir escribe “Gracias a Dios puedo entender algo de la lengua china. Mas hablarla es bien difícil. Actualmente para hacernos entender debemos hacer muchos gestos como las personas mudas” (carta del 9/7/1899).

Apenas llegadas deberán comenzar a atender el Orfanato con más de 200 niños, la mayoría de ellos enfermos.

La Superiora era Santa María Herminia de Jesús, de 33 años, -quien con su caridad ardiente supo conquistar a todos, quienes la consideraban como una madre-. Ella con su seis compañeras se empeñaron en múltiples apostolados y Obras de Misericordia misionales: el servicio a doscientos niños pobres de un Orfanato; el servicio a los enfermos en los Hospitales; el apostolado de la Imprenta (o de la “Buena Prensa”);  la formación cristiana de las mujeres chinas; las clases de Catequesis y la visita de los hogares cristianos. A su vez, en centros de trabajo enseñaban a bordar y coser. Además, se dedicaron a la formación de los jóvenes.

Su labor apostólica se desarrolló rapidamente. En poco tiempo, las Santas Misioneras se ganaron el corazón de los chinos. Las Santas Misioneras atribuían esta gracia a la oración y de un modo especial a adoración diaria a Jesús Sacramentado.

En la oración, encontraron la fuerza para vencer todas dificultades de la Misión, entre ellas, el estudio de la lengua, las amenazas de la persecución y el Martirio.

(Continuará…)

 

Francisco Xavier

Sacerdote Misionero en Taiwan

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