Corazón Misionero

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El Padre Héctor Luna, perteneciente al IVE (Instituto del Verbo Encarnado), escribió una carta que contagia algo que podemos llamar “fuego misional”.

Transcribimos a continuación un extracto de esta inolvidable epístola que este Misionero escribió a los miembros del Seminario religioso «María, Madre del Verbo Encarnado» (Mendoza, Argentina), que forma futuros Misioneros para que evangelicen el mundo entero. La Revista “Diálogo” publicó este material en su número 13, en la sección “Páginas inolvidables”. Nosotros lo reproducimos.

 

Francisco Xavier

Misionero en Taiwán

  “(…) Finalmente para concluir digo lo siguiente: Cada cual cosecha lo que siembra. ¿Por qué no puedo imaginarme en la soledad de mis misas y en el silencio de mis noches muchas conversiones? ¿Quién puede impedirme soñar desde la Cruz de nuestro Señor Jesucristo a muchos futuros consagrados y muchas futuras esposas del Cordero? ¿No es el sacerdote por vocación aventurero y enamorado de la vida? ¿Acaso no soy misionero? Entonces se agiganta en mil ilusiones mi esperanza y se extiende por todo el horizonte de las almas; pido la gracia de no cansarme de esperar. Mi fe me dice que tarde o temprano, cuando Dios lo quiera, soplará su Viento de fuego y no dudo que las mechas humeantes arderán.

Yo por lo pronto no quiero otra cosa más que mi llama; pido a la Madre de Cristo la gracia de siempre quemarme y de siempre quemar.

Y ahora compañeros les pregono. El amor puro es fuerte, aguerrido y audaz, la muerte diaria lo aviva, el llanto por las propias miserias le da más libertad, dejar este suelo, lo hará alabanza eterna. El apóstol y el misionero están en esta tierra para morir de amores. ¡Viva el licor que emborracha a los locos por Cristo! (…)”

R.P. Héctor Luna, IVE

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