¿Por qué tantos paganos aún no se convierten?

¿Por qué tantos paganos aún no se convierten?

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1.-

Si bien las causas de la no-conversión son múltiples, uno de los motivos, quizás el principal, por el que tantos paganos aun no se convierten a la Fe verdadera -la Fe Católica- es el temor a ser rechazados por su ambiente. Esto se ve mucho en los países musulmanes -donde matan al converso, aun cuando sea la propia hija-, pero también en otras zonas como Taiwan, aunque el grado de “presión social” sea diverso.
En mi aún corta experiencia misional en Taiwan, constaté este drama, que podemos llamar “el temor a quedar afuera” o, dicho más breve, el “temor social”. En esta remota isla, muchos nativos se negarán a convertirse a Cristo mientras sus padres sigan vivos puesto que sus progenitores no quieren morirse sin haberse asegurado que sus hijos les van a hacer a ellos los ritos fúnebres vernáculos.
Valga ejemplificar con un caso real que ya conté en alguna otra ocasión. Una vez visité una casa en la ciudad de Taiping (en las periferias de Taichung) y conocí a una mujer de unos treinta años. Toqué la puerta de su casa. Ella, a pesar de que no me conocía, me recibió bien. Acto seguido la invité a venir a la Iglesia Católica a conocer a Cristo y ella me respondió que tenía un fuerte deseo de conocer a Cristo pero que iba a esperar a que sus padres (que eran budistas) fallezcan y sólo después iba a ir a conocer a Jesús. ¿Por qué esta demora? ¿Por qué no iba inmediatamente a conocer la Verdad? Ella me dio la razón: por temor a sus padres, por temor al “qué dirán” de sus familiares, para no contristar a sus parientes, esto es, para no ser rechazada por su ambiente, es decir, por “temor social”.
No fue la única vez que vi este tipo de almas. Cuento unos casos análogos. En la escuela donde aprendo mandarín, tuve oportunidad de hablar con varias profesoras protestantes de raza china que, podemos decir, eran “personas buenas”. Con tono sinceramente amigable varias veces dialogamos y les expliqué algunos motivos por los que la Iglesia Católica es la verdadera, invitándolas a la conversión. Pero, ¿qué pasó? No tenían ningún argumento (¡ni podían tenerlo ya que no se puede refutar la Verdad!) pero no se animan a dar el paso de hacerse católicas. ¿Por qué no se animan? No por argumentos (pues no sólo no creían tenerlos sino que me daban la razón a cada rato), sino, pienso, para no ser rechazadas por su ambiente. ¡Y claro! Una de ellas pertenecía, desde que nació, a una familia totalmente protestante. ¡No les es nada fácil dar el paso ya que se exponen a ser rechazadas por su misma familia! ¡Se exponen al martirio moral, que puede ser peor que el martirio cruento!
Remontándonos a un caso famoso, podemos también pensar en Scott Hann. A él, dejar el Protestantismo y hacerse católico le implicó un enorme perjuicio temporal. ¡De un día para otro quedó “en la lona”! ¡De ser un importante “Pastor” pasaba de pronto a ser un marginado social, un “infiel” renegado, una especie de “apóstata” condenado al destierro, la infamia y el desempleo! Pero Hann no se arredró ante el terrible “miedo social”, no se doblegó ante “la tiranía del qué dirán” (y del “qué harán”), no se rindió ante el rechazo ambiental que se le venía, sino que impertérrito, por amor a la Verdad, ¡entró en la Iglesia Católica!
Después para ahorrarles a los futuros “Pastores” conversos el Calvario del “rechazo social” (que él tanto padeció), fundó una muy fecunda Asociación para ayudar (incluso materialmente) a estas almas a dar “el paso”, la cual hoy en día sigue trabajando obteniendo muchas conversiones.
El ejemplo del contemporáneo Hann es muy elocuente, como lo es el del Gran Rabino de Roma, Eugenio Zolli, quien abandonó la Sinagoga para seguir a Cristo, aun cuando esto le costó la “muerte civil” pues la comunidad hebrea lo condenó al ostracismo total y a la pobreza material.

2.

Vencer el “miedo social” puede requerir un heroísmo sobrehumano, como se ve, aún más, en el caso, contado en las “Actas de los Mártires”, de aquel verdugo del Circo Romano que, inmediatamente luego de matar a un cristiano, acogiendo la gracia divina, se decidió a convertirse sabiendo que iban a hacer lo mismo con él, cosa que hicieron. En este destierro, el verdugo converso fue católico sólo por unos segundos. Su vida cristiana, acá, duró un instante pero ese instante le valió el martirio. Él se convirtió sabiendo que convertirse equivalía a firmar su sentencia de muerte.
He aquí que, si no falla mi análisis, pienso que, a menudo, el principal obstáculo que impide a los infieles convertirse a la Fe Católica (o, al menos, empezar a conocerla) es el temor social, esto es, el temor a ser rechazados por la sociedad. En general, pienso, este temor suele ser el principal temor ya que, en el plano de las causas segundas, todos los beneficios temporales que se reciban suelen depender del grado de aceptación social que tiene la persona, lo que implica que la pérdida de la buena fama genera la pérdida de todos los demás bienes terrenos.
Este “temor social” no sólo aparta a muchos acatólicos de la conversión sino que los lleva a caer en el vicio de la obsecuencia, esto es, a condescender con el mal y el error, llegando en algunos a casos a cometer crímenes para no ser rechazados por sus pares. ¿No se ve eso en el mundo musulmán?
Más, ¿cómo podrán los paganos vencer este temor social?
Primero, tomando seriamente conciencia de que la Verdad no depende de ninguna decisión humana; que la Verdad no depende de lo que los hombres digan y que una proposición es verdadera si se adecua a la realidad, aun cuando la realidad “contradiga” las opiniones humanas.
Segundo,supuesto lo anterior, amando con todas sus fuerzas la Verdad.
Pero, lo que más puede mover a preferir la Verdad por sobre el “quórum social”, es contemplar a la misma Verdad encarnada y a los verdugos que La crucificaron (a la Verdad) porque Ésta comprometía los intereses temporales de algunos.

P. Federico
Misionero en Extremo Oriente
(Taichung, 23/10/15)

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